Porfi

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domingo, 30 de mayo de 2010

I'm Going Home


Esta semana se me escapó una frase que me extrañó, dije: "Me voy a mi casa" refiriéndome, como solemos hacer, no precisamente a mi casa, sino a mi hogar.

No debería de ser nada raro, excepto que me hizo preguntarme ¿Qué significa la palabra "hogar"?

Mi vecina se refiere a su departamento en la Ciudad de México como "la casa". Habla de él como si fuera su hogar. Cabe destacar que ella, como yo, es foránea en la gran capital.
A pesar que su familia no vive con ella, a pesar que no es propia de ésta ciudad, ella tiene aquí un hogar.

Cuando se habla de hogar, se entiende cierto ambiente, cierto lugar, ciertas 4 paredes. Una casa pero con algo más.

Este año creo que he perdido el sentido tradicional de hogar.
Y me veo en necesidad de buscar una nueva definición.

Ayer me levanté y presenté un examen final. Todo salió de maravilla.
Después me dispuse a desplazarme hasta el Palacio de los Deportes para ver a una amiga.

Llegué al sitio de taxis y pedí uno. El amable señor llamó al taxista en fila que estaba en una tienda a unos metros. Me subí al taxi y vi como el taxista venía corriendo sonriente, como jugando. En efecto, estaba jugando con su hijo, el cuál venía detrás de él, y que también se subió al taxi para llevarme a mi destino. El taxista tenía en su coche una pequeña foto del niño que viajaba en el asiento de copiloto.

Pocas veces he estado en presencia del amor. Ayer en la mañana lo estuve. Ese taxista amaba a su hijo. Y el hijo no lo sabía, pero lo intuía. Me causará conflicto por siempre no poder conocer la esencia de las personas. No poder conocer sus sentimientos verdaderamente. Dios al dotarnos de un cuerpo que nos limita en ese aspecto nos dio fe, para que aunque no podamos conocer esencias, podamos aunque sea verlas.

Pensé en los sueños que tenía ese taxista para su joven hijo. Lo que quería darle y quería que el lograra. Todo sin egoísmo, sin proyectar inseguridades o frustraciones pasadas.
En presencia del verdadero amor no puedes, no sabes como. Noté que mi papá nunca puso una foto mía en su consultorio o en su coche. No importaba. No podía sentir celos de ese amor tan puro. Me considero afortunado de haber podido ser testigo de él.

Llegué al Palacio de los Deportes a encontrarme con una vieja amiga. Han sido tan intensas las últimas semanas que no me había dado cuenta que me faltaba poco para llegar a Mérida. Esa amiga me lo recordó. Esa amiga me emociono al respecto.
Fueron un par de horas las que estuvimos juntos y fueron maravillosas. El escenario era ideal para comprender más acerca de lo que significa hogar: una convención de pequeñas empresas de todo el país. Gente con distintos conceptos de hogar, y al mismo tiempo, un concepto de nacionalidad.
Mi amiga me ayudó a re-conectar con la gente junto a la que crecí. Estar con ella me recordó mucho de quién era, de por donde he pasado y de donde estoy hoy.

Después de esa nostalgia de vidas pasadas, regresé a mi departamento. Me mencionaron algo de una pequeña amiga con la cuál perdí el contacto por muchos años y que en los últimos meses he recuperado. Volver a encontrarme con ella me ha servido para lo mismo: para re-conectar. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos y más desde la última vez que hablamos como hemos hablado tan seguido últimamente. Hemos seguido caminos muy distintos y sin embargo, le dio la gana a la vida de que nos volviéramos a encontrar. Y ha sido muy enriquecedor el reencuentro.

Por cierto, hoy me va a recibir en el aeropuerto.

Llegó la noche y me dispuse a hacer algo que prolongué por algún tiempo: platicar de mis problemas con una amiga.
La plática transcurrió muy fácil. Más fácil de lo que recuerdo son ese tipo de platicas. Y una vez más, aprendí acerca de los cambios que se han dado en mí en el último año. Hace un año estaba parado en un lugar distintos no solo geográficamente, sino mentalmente y sentimentalmente. Me gustaría decir que lo que se movió fue tan solo el suelo debajo de mis pies pero no es el caso, yo también me moví.

Esa noche me sentí tranquilo. Pero aún no entendía que significaba "hogar". Y me urgía por que me esperaba una casa que muchos dirían es mi hogar.

Mi vecina me enseñó que definitivamente no es el lugar donde naciste y creciste. Hoy, ahí solo quedan para mi recuerdos. Y sin embargo, ahí reside su valor: en recordar quién eras.

Lo mismo me enseñaron mis primeras 2 amigas. Eso que llamamos hogar es donde re-conectamos con las personas, con los lugares, con los recuerdos. Es una constante nostalgia de lo que es. Por eso nos cuesta trabajo mudarnos, nos cuesta trabajo cambiar, es crear desde el principio esas estelas de nuestra esencia que nos permitan reafirmarnos nuestra identidad.

Anoche, durante mi plática, lo entendí. Se trata de re-conectar pero con el único fin de re-conectar con ti mismo. No podemos conocer otras esencias ¿qué nos dice que podemos conocer la nuestra?

La intuición. La intuición de ver algo afuera de nosotros que reconocemos como esencial es nosotros, como propio de quién soy.

Ese niño en el taxi intuía quien era, veía desde su papá que se le daba amor y entendía que si algo era, era alguien amado. Ese niño estaba en su hogar.

No es un proceso de auto-comprensión. El hogar es un proceso de re-afirmación. No entendemos quienes somos ni por qué somos, eso corresponde a otro lugar y otra acción, sino que entendemos como somos. Se nos da, y nosotros no dudamos. Se nos define, se nos determina.

Y ahí recae la importancia de regresar. Que cuando pasamos tanto tiempo descubriendo quiénes somos, descubriendo y entendiendo nuestra persona, se nos olvida como ser simplemente. Entre más sabemos, más ignoramos respecto a nosotros y necesitamos a veces que simplemente algo nos diga.

Decía de broma que estas vacaciones el mayor esfuerzo intelectual que quería hacer era el necesario para entender los chistes de la tele y para seguir el ritmo de los problemas y chismes de mis amigos. No tener que esforzarme para entender, por que estoy cansado de eso.

Y de eso se trata ir a un hogar, que te repares a ti mismo mediante la determinación de un ambiente bañado de tu esencia.

El hogar es el lugar en donde uno intuye su esencia.

Cuando me preguntan respecto a como es vivir solo suelo mencionar la comida. En la vida en solitario para comer, hay que sufrir. Hay que pensar, cocinar, lavar platos y otras cosas que la verdad, no me resultan nada atractivas. Suelo decir que incluso para salir a comer tienes que hacer un esfuerzo mental (sé que suena tonto, pero es verdad) para pensar qué quieres comer. Cuando estás en tu casa no. Ya saben que te gusta, ya saben que te pueden dar. Ya ni te preguntan, y eso es algo que no aprecias hasta que te vas.

Tu esencia está tan bañada, que no necesitas hacer un esfuerzo en conocerla. Ya sabe tu hogar, quien eres, y si te gusta tu sandwich con mayonesa o sin ella.

El D.F. no es mi hogar. El ITAM no es mi hogar. Aquí vine a conocer más del mundo, y a conocer más de mí y cultivarme a mí mismo. Estos 2 lugares me llenan de felicidad, me hacen sentir pleno intelectualmente, pero no se llaman hogar, por que constantemente cambian quien soy y constantemente le imprimo quién soy. No está bañado de mi esencia.

Mérida es mi hogar. Aunque la ciudad ya no entienda completamente quien soy, aunque mi esencia está en constante cambio y Mérida ya no tiene en ella todo lo que yo soy, sigue habiendo mucho, muchísimo, y seguiré regresando mientras tanto. Mientras la esencia de la ciudad tenga impresa la mía.

Pronóstico de esta semana: Re-conectar contigo mismo. Busca tu hogar y báñate de ti mismo. Se acerca la temporada de huracanes.

martes, 25 de mayo de 2010

Breakfast at Tiffany's


Y si, sigo fijado en la metáfora de la pelicula.

Es que hay algo que me molesta. El increíble parecido de la vida con el séptimo arte.
Hoy me levante temprano. Se me ha hecho costumbre, no levantarme temprano, sino no dormir.

Memo personal: Debería de empezar a contar cuantas horas duermo. Creo que la cifra es preocupante.

Anoche una pequeña amiga se quedo a dormir. Le pregunte si quería desayunar, pero su sueño era mayor que su hambre. Been there, done that.
Caminé solo a un pequeño restaurante que nunca abre por que nunca cierra a tan solo 2 cuadras de mi casa. Compre 2 capuchinos y 2 bisquets y regresé al departamento para ver el noticiero y escribir.

Café en una mano, pan dulce en el otro, lo único que necesitaba era ir a Tiffany's y disfrutarlos enfrente. No querido lector, no tenía puesto un vestido y perlas, pero me sentía bastante elegante, lo que tenía puesto me daba la confianza necesaria para salir y enfrentar el mundo.

Esa mañana salí con la ropa que me había puesto la mañana anterior. La había traído todo el día. Había comido, caminado, estudiado, platicado, dormido (un par de horas únicamente) y vivido con el mismo conjunto. Ésta mañana no solo no me sentía sucio (lo cual creo es evidente), sino que aún tenía el efecto que tuvo hace tan solo 24 horas. Me sentía con la capacidad de enfrentar el mundo.

Memo personal: Bañarme.

Hay personas que no entienden la importancia de lo que tienes puesto. Y no se trata de prestarle gran atención a lo que te pones. En lo personal no le presto gran atención, lo cuál creo yo se refleja en mi look desarreglado. No tengo tiempo ni considero necesario poner más de mi esfuerzo intelectual en esa actividad. En otras palabras, me vale mucho como me veo. Eso si, me aseguro de sentirme con confianza. No salir de tu casa sin sentirte seguro de como te ves. Esa es una de mis reglas para empezar bien el día. Lo considero incluso más elemental que tener un buen y balanceado desayuno. Y mi amiga la diseñadora de modas estará de acuerdo conmigo.

Creo que todos tenemos un ritual para empezar el día. ¡Ah! Que hermosa es la fe, que canalizada en una actividad cualquiera, la convierte en algo divino y trascendental.
Las primeras horas del día son las horas en las que más volcamos nuestra fe en el mundo. Se necesita fe hasta para despertarse, y confiar el que el suelo sigue abajo de nosotros.
Es parte de la esencia del hombre tener fe.
¿Cuál es tu ritual en la mañana? ¿En donde le reafirmas al mundo que sigues teniendo fe en él?
Una amiga lo hace de manera poco sutil, pero no menos mágica: con música.

En fin, ahí estaba yo. Café, pan y dressed to impress perdido en una colonia más de la Ciudad de México. Me encontraba listo para otra escena de película. Excepto que esa no era mía.

Hay un Tiffany's en la gran capital, pero está en Polanco. Mazaryk, 375. A unos 30 minutos y unos $50 en taxi o 1 hora y $3 en metro. De cualquier manera se hubiera helado mi capuchino y hubiera gastado dinero que la verdad no estaba dispuesto a gastar. Creo que lo que me hizo tomar la decisión fue mi restricción presupuestal. Damn you economía liberal.

Regrese al departamento a tomar mi café viendo las noticias, resignado a no poder vivir esa vida llena de glamour de Audrey Hepburn aunque sea por un segundo.
Y es que definitivamente no es como que quiero esa vida. Ni siquiera es como si quisiera ser la protagonista femenina de una cinta acerca de una prostituta que era más elegante que Grace Kelly. No, en realidad no.

Y sin embargo, el impulso estaba ahí. El impulso de vivir una escena sacada de una superproducción de Hollywood. Y yo lo quería.

Eso fué lo que más me llamó la atención esa mañana. El hecho que lo considerara. Que llegara a averiguar donde había un Tiffany's en esta ciudad. Eso es lo que me llamó la atención.

Y dime que no, atrévete a decirme que tu nunca has considerado vivir una escena de película. Que nunca has considerado hacer lo necesario para poder ser por un segundo el protagonista de la película de alguien más.

Llamale envidia, llamale efecto Hollywood, el caso es que está ahí.


Vivimos buscando una oportunidad de ser estrellas. Que tontos.
Tontos por que no son sueños. No, soñar es respecto a esta vida. Lo que hacemos es desear otra vida, dejamos de vivir la nuestra para vivir en un sueño. Y vivir en un sueño es distinto de soñar.

Ayer en la mañana mire a mi alrededor y odie a la gente de la Ciudad de México. No lograba ni siquiera ver ciudad universitaria (que en cualquier otro día si puedo) porque una nube gris te basura se interponía entre nosotros. Asco.

Momentos como ese te hacen pensar que después de todo, quizá la vida no es una película.
¿Dónde está ese glamour? ¿Dónde estás Hollywood? No está, no existe.

La vida es hermosa pero no es una hermosura explícita, hay que hacer un esfuerzo para verla.

En todas las películas hay una estructura básica. Introducción, nudo y desenlace. Sencillo, simple, directo al grano.

El problema es ser parte de una película con siglos de existencia. Te perdiste la introducción y ahora te encuentras frente no a uno, sino miles de nudos. Nudos más grandes que tú.

El hecho que no tenemos la fuerza de solucionar los nudos de la película es, precisamente, lo que nos hace dudar acerca de nuestra vida como una película.

Es momento de dejar de llamarle película. Lo que en realidad quiero decir es magia. Prueba suficiente es que tu vives por magia pura. Date cuenta que no hay razón para que tu corazón lata o siga latiendo en el siguiente minuto. Y sin embargo, como siguiendo la orden de alguien, lo hace. Magia pura.

Pero no podemos reconocer esa magia por que no nos parece tan grandiosa. No nos parece suficiente la magia que hay en nosotros para solucionar los problemas del mundo.

Y sin embargo, hoy te digo que lo es.
Tú eres lo único que la vida necesita y con tu magia basta.
Date cuenta que los grandes cambios del mundo han sido realizados por una sola persona.
Antes de ti, ha bastado con alguien, con una sola persona, con la magia del corazón de uno para cambiar el mundo.
¿Quién dice que no basta con la tuya?

Pues la evidencia de tu vida hasta ahora. Y si, debo de reconocerlo que si estás leyendo esto y yo en realidad no he hecho nada, entonces probablemente tu tampoco has hecho mucho. Sin ofender.

Pero te tengo una noticia, que sí lo has hecho, pero no te has dado cuenta, lo has hecho por accidente.
Y la manera de hacerlo es tan fácil, que parece eso: magia.

Cuando vuelcas tu magia en el mundo, cuando le imprimes a él lo que te da la vida, tu fuerza, tu esfuerzo, tus ganas, haces una parte.
Pero no basta, si se vuelca la magia sola, no se deshace el nudo. No basta con solo la magia.

Se necesita la fe. Si, la misma fe que vuelcas en el mundo en la mañana.
Cuando vuelcas tu fe y tu magia en el mismo sueño, en el mismo ideal, en la misma causa, es entonces cuando ocurre el cambio.
Cuando logras que lo que te da la vida biológica (la magia, la fuerza de vida) y lo que te da la vida espiritual (la fé, la fuerza del alma) se junten al punto de darse un beso, cambias el mundo. Deshaces un nudo.

Dije que lo has hecho por accidente. Y es que hay veces que la gente te da las gracias, por cosas que tú no sabes reconocer como tuyas.

Lo hiciste por accidente. Le regalaste fe y magia a esa persona y ni cuenta te diste.
Que hermoso.

El problema es que a veces canalizamos nuestra fe de manera equivocada y nos decepcionamos a veces. Nos hemos vuelto egoístas con nuestra fe. No se la damos a ninguna persona, no se la damos a ningún Dios. Como si alguien nos cobrara cuando invertimos mal nuestra fe.

No hay mala inversión de fe. Hay quien no sabe apreciar que la depositaste en el. Pero el error no es tuyo es del mundo. El error es el que hacemos hoy, no darle fe a nadie ni a nada.
Hay que darla de manera racional y sabia. La fe es irracional pero no un tema ajeno a la razón.
Hay que entregarla usando nuestra razón, aunque ella se impulse sin ella.

La magia también es desperdiciada hoy en día. Principalmente por aquello a lo que llamamos "hueva". Que horror, que dejamos que se nos escape la vida nada más por que sí. La hueva es eso, desperdiciar la magia, desperdiciar tus latidos.

En la mañana, cuando elegimos nuestra ropa y nos preparamos para enfrentar el mundo con confianza deberíamos de vestir al mundo. De elegir cuanta magia le vamos a entregar a que o a quien y como vamos a distribuir nuestra fe. De vestir al mundo con magia y fe de manera que salga a enfrentar a las personas con toda la confianza del mundo.

Pronóstico de hoy: Vestirte con confianza antes de salir a enfrentar al mundo. Vestir con confianza al mundo antes de salir a que te enfrente. Y que de ésta manera, ambos solucionen un nudo más.

Audrey Hepburn lo hacía. Hasta parece que leía mi blog.

domingo, 23 de mayo de 2010

La vida: un largometraje



Anoche ocurrió un suceso que me hace despertar hoy con alegría.
Saqué 10 en mi materia de negocios.
Ya sé, algo que hasta cierto grado es demasiado efímero, que no merece mi gran celebración.
La peculiaridad es que, en verdad, no me lo esperaba.
No, no solo eso. La particularidad es que no me lo esperaba, y sin embargo lo soñaba.

¿Alguna vez les ha pasado? ¿Les ha regalado la vida algo que creían solo era posible en sus sueños?
Creo que sueño tan seguido, que por eso me sorprende cuando uno se hace realidad.
¿No debería ser al revés? ¿Qué mis sueños se hagan realidad tan seguido que me sorprenda cuando no?

Continuando con mi historia:
Llegaron las calificaciones por mail a las 11 de la noche. Yo estaba en Sanborn's cenando con un amigo y dándole, me cito a mi mismo, "la honestidad que le debo por lo honesto que ha sido conmigo". La cena ya había terminado cuando me llegó una llamada, el identificador de llamadas decía "David".

"Felicidades Juan! te lo mereces" creo que fueron sus palabras. Las encontré familiares por que es un amigo al cuál siempre le he celebrado sus triunfos con las mismas palabras. Desde que nos conocemos no había el obtenido la oportunidad de decírmelas.

Me comentó que ya estaban las calificaciones y me siguió felicitando, más no me dijo que ocurrió con la mía. Justo cuando me lo iba a decir, se me acabó la batería.

Memo personal: Cargar mi celular mas seguido. Es gratis.

No lo creí hasta que llegue al departamento y lo vi en mi computadora. Ahí estaba, 10 de calificación final. Empecé a dar saltos de felicidad y gritos de emoción. Nunca había dado saltos de felicidad y gritos de emoción y sin embargo, sabía como. Ya lo había soñado.

Después de un par de llamadas, y de celebrar regresé a la computadora y hice lo que había soñado: revisar mi mail.

Y para mi sorpresa, el sueño no se había acabado aún. Ahí estaba, un mail cuyo asunto decía "Thank You" y que provenía de la dirección electrónica de mi profesor.
El él, me felicitaba. Escribió palabras que considero yo son demasiado personales para compartir en este medio, para compartir con alguien incluso. Dentro de las cosas que me guardaré por siempre, estarán las palabras de mi maestro que considero un tesoro personal. Basta decir que lo admiraba mucho. Después del mail, no lo podría admirar más. Konrad Cezary Grabiszewsi (es polaco el hombre) es un héroe personal de éste sencillo mortal.

Quisiera romper la narración lineal del tiempo para retroceder un par de semanas, donde, vía twitter, publiqué lo siguiente:

"¿La vida es una comedia o una tragedia?"

Lo que entendí en ese día es que la vida se parece muchísimo a una película.
La más grandiosa de todas. Una película cuyo género es constantemente cambiante, cuyo set es el mundo, de la cuál el soundtrack es accidental, y sin embargo, perfecto, y que cuenta con un enorme y maravilloso reparto.

¿Y el guión?
De él no sé decir nada. Sólo sé que está ahí. Que no lo leemos y sin embargo, lo actuamos. Y que hay escenas, como la mía anoche, que salen en una toma, y en la cuál se eleva tanto nuestra alma que somos capaces de darnos cuenta que hemos estudiado el guión en nuestros sueños. Que hemos esperado mucho y ensayado aún más para montar esa escena.

Y finalmente, llega el momento. ¿Las luces? las puso la luna como cada noche. ¿Los actores? su papel es perpetuo, solo llevaron a cabo la siguiente escena. ¿La cámara? no empezó a grabar por que nunca ha dejado de hacerlo.

Y sin embargo, empezó una escena. LA escena.

Esta mañana, twittié lo siguiente:

La vida es una película. Y si bien en la mía creo que todo es posible, hay escenas que me hacen saber que en verdad es así.

¿Qué ocurrió anoche? se cumplió un sueño. Pequeñísimo, demasiado pegado al mundo real para merecer la definición de sueño. Pero sueño al fin y al cabo. Cumplido, al fin y al cabo.

Creeré siempre en los ideales, en el valor intrínseco de los sueños grandiosos y utópicos por naturaleza. Pero creo yo, que la llave a los niveles más altos del alma son esos sueños tan sencillos, sublimes como solo ellos. Por que así como nosotros como hombres conectamos el entorno con nuestra alma, esos pequeños sueños conectan nuestra alma con algo más grande.

Y ese algo más grande entiende el guión. Y sospecho, también ve la película.

Una lección me enseño esta escena de mi vida:
En los sueños más pequeños, se esconde la oportunidad de nuestra alma de sublevarse.
Revolución de su plenitud ante la monotonía a la cuál la atamos.

Ahora sólo queda esperar, que acabe ésta escena. Y vivir preparado para la siguiente.

Y contrario a lo que pueda parecer: NO, no tengo delirio de protagonista. Soy simplemente un actor que fue protagonista por un segundo. Y un segundo, es más de lo que puedo pedir.


Ésta foto me la regalaron ( ;) ) hace unos días. Y en ella ya se escondía ésta lección que describí hoy.

La vida nos intenta enseñar las lecciones primero de manera sutil (cómo fue con esta foto).
Y cuando no escuchamos, recurre a métodos un poco más explícitos (cómo fue anoche).

Que tonto yo que no me había dado cuenta que no es casualidad. Hay escenas de la vida que parecen sueños por que, en realidad, lo són.

A ti amiga mía que me regalaste ésta foto, te regalo este poema. Gracias por compartir la belleza de tu mundo, te dedico aquí un trozo del mío.

Pronóstico de la semana: Un sueño pequeño, con altas posibilidades de volverse realidad.

Fuga de Ideas

Ya varias veces había considerado escribir un blog.
La razón que me hizo convertir esa idea en acción es una preocupación muy particular: me preocupa que se me escapen las ideas.
Dicen por ahí que debes escribir las cosas para que no se te olviden. Cuando era chico, eran mis tareas y deberes, pero ahora son cosas más importantes: mis reflexiones, mis humildes intentos de entender mi entorno.
Pero no solo que se me escapen.
No.
También me preocupa el mundo, y el diálogo tan roto que tengo con el.
Este es un pequeño intento de hablarle, y de compartir todo lo que hay en mí.
Que creo yo, tengo mucho para compartir.