Porfi

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viernes, 2 de diciembre de 2011

Historia Sociopolítica de México

En general, mi último día de clases en el ITAM está lleno de nostalgia y sentimientos encontrados. Éste semestre, desde la mañana, estuvo lleno de un enojo colosal.

Voy a decir que estaba ridículamente fatigado. El miércoles hice una presentación final para la cuál estudiar me llevó toda la noche y ese jueves tenía mi examen final de alemán para el cuál también me privé de sueño por estudiar. Así que el jueves en la mañana estaba de por sí de muy mal humor.

Voy a decir también que estuvo muy mal de mi parte quedarme callado en clase. No abrí la boca, me senté y escuché, me indigné e hice caras sin molestarme en argumentar algo. Eso, admito, no me enorgullece.

La clase (para los que han estado siguiendo mis tuits todo el semestre, ya saben) era Historia Sociopolítica de México. La lectura era la entrevista Díaz-Creelman además de 2 anexos que nos daban espacio a mucha reflexión y diálogo, no había necesidad de entablar una discusión fuera de ella porque nos daba para la hora y media. Sin embargo entre mis cabeceos por el cansancio, no sé cómo llegamos a hablar de los problemas contemporáneos del país.

Fue media hora de completa agonía escuchando a mis compañeros (ninguno particularmente brillante) dar un discurso vacío, genérico y según ellos "esperanzador" acerca de la problemática actual del país y su panorama futuro. Cubrieron los básicos: educación, narcotráfico, corrupción e incluso conciencia cívica. Hablaron también de PyMes, de ética personal y en los negocios y de administración de negocios (cosa que todo mundo cree saber hacer y discutir de manera correcta) ninguno sin en realidad tener noción de la barrabasada de cosas que decían.

Cómo siempre, el itamita se cree el profesionista que México esperaba y cree que en realidad va a hacer un cambio hablando y hablando, apuntando el dedo a lo que está mal y los problemas y quedándose en tecnicismos.

El discurso fue de verdad tan molesto por repetitivo que perdió todo posible valor y para rematar se sintieron con la autoridad moral de hablarle a la clase como si fueran ellos el rayo de esperanza mexicano, el doctor en Ciencia Política más estudioso del planeta o el hijo de dios. Hablándole directamente a los demás compañeros (yo incluido) nos invitaron a luchar por los derechos que nuestros antepasados nos heredaron como la libertad de expresión y a ser sujetos éticos en nuestras decisiones diarias. ¡Ah! y a hacer un voto informado en el 2012. Que no mamen.

¿Saben cuál es el verdadero problema? Que tenemos ésta idea en la conciencia colectiva de que la única manera de crear un cambio es a través de una posición de autoridad y de poder de decisión. También se cree que dando el argumento más sólido, coherente y sensato (acompañado de una despampanante retórica que haga no más que un "Razzle-Dazzle", claro está) se va a promover la acción colectiva y se va a lograr el cambio como por arte de magia. Éste pensamiento tan peligroso da lugar a los que se conocen como "Activistas de Redes Sociales". Todos los conocemos, todos los seguimos. Son esas personas que se dedican a expresar su inconformidad a través de un tweet o una publicación en facebook y obedeciendo a las observaciones de Lipovetsky en "La Era Del Vacío" se dan una tranquilidad mental hablando, haciendo ese simple ruido que ni siquiera hacen para otros sino para sí y limitándose a tener éstas pláticas rojas de color con un trasfondo y contexto aristocrático. Como si fueran un Vanderbilt cualquiera, codeándose con artistas, académicos y gente común y desplegando éste discurso acerca de "Por qué México está como está".

Me atrevo a decir, sin temor a equivocarme, que la mayoría de nosotros estamos muy conscientes de los problemas del país (culturales, institucionales y mentales) pero de nada sirve seguir mencionándolos si no se hace algo al respecto. Para eso mejor se queda uno callado ¿no creen?

¿Saben cómo se denomina a éste tipo de conducta? Autosabotaje. Que se intenta lograr un objetivo sin tener éxito y ésto por cosas que nosotros hacemos y/o dejamos de hacer. Se piensa que las razones son mala suerte, que somos víctimas de las circunstancias, que lo que tenemos que hacer es "demasiado difícil", que la culpa es de los demás, que la gente se aprovecha de nosotros o que simplemente no entendemos lo que pasa. ¿Les suena familiar? Por lo menos yo puedo ver cómo alguna de las anteriores me sirve para argumentar la causa de alguna problemática del país.

Las causas del autosabotaje son varias pero no es el punto entenderlas. Como con todos los problemas, se empieza por identificarlo y plantearse pequeñas metas para irlo superando.

Realmente ¿hasta cuándo vamos a estar dispuestos a seguir repitiendo el mismo discurso y no hacer nada para cambiarlo?

Voy a admitir 2 cosas:
1) Puede parecer que yo me hago de autoridad moral en cuestiones de "hacer el cambio" pero no es así, en éstas observaciones me hablo a mí mismo en tono de queja y enojo que también he rayado en ser ese "activista de red social" sin en realidad impulsar un cambio lo cuál me lleva al punto dos:

2) Se puede argumentar en mi contra mil y un cosas de ser un hipócrita pues éste mismo blog hace lo que estoy criticando. Espero se tome cómo un llamado de atención desde un ángulo diferente, que ya no menciona como siempre los problemas sino que apunta el dedo al verdadero problema: que nos autosaboteamos como nación.

No le veo el punto a seguir hablando de los problemas de México: que si somos corruptos, que si no respetamos las leyes, que si no somos educados, que si el narcotráfico, que si no tenemos tiempo (como estudiantes) de luchar por alguna causa... No, ya no más.

Cómo no me había dado cuenta que el cambio no se hace estando en un puesto alto y reconocido sino estando parado a lado de la gente ayudando. Que mis conocimientos deberían ser utilizados no para seguir discutiendo los problemas que ya se han apuntado sino para resolverlos y exigir, ser parte de la solución quitándome ésta idea de que el líder es el que cambia las cosas. El que cambia las cosas es a lo mejor el gato como yo, estudiante mediocre que a diferencia del resto, se tomó el tiempo de hacer algo. Sé que todo éste discurso tiene su réplica y sus puntos débiles pero ya no le veo el punto a responderlos. En vez de eso hacer contra réplica con mis acciones me parece más apropiado.

¿Se te ha ocurrido que tu eres en potencia la solución de todos nuestros problemas y que no necesitas más que actuar?

Ni siquiera se necesita hacer mucho. Quiero pensar que difundiendo la idea de acción en vez de contribuir al discurso cansado es ya un paso. Igual y éste también es un discurso cansado pero vamos a contribuir a detener el autosabotaje del país poniéndonos aunque sea una tarea chiquita: difundir la idea de mover al país a través de la acción y no el discurso. Buscar a un amigo e involucrarnos en alguna causa social que creamos. Esa es una meta chiquita y con gran potencial.

El autosabotaje viene de una falta de autoestima. ¿Y si le subimos el autoestima al país para acabar con su inseguridad?

miércoles, 20 de julio de 2011

Thinking of you

Yo juré y perjuré que no te iba a escribir jamás. Aún así, aquí estoy admitiendo derrota.

¿Saben qué odio de la música? Que me pega más que nunca, me llega, me habla y me desarma.

Hoy, tenía 2 opciones. Sentarme enfrente de mi computadora esperando a ver si hoy era el día en el que finalmente me hablabas. Decidí que hoy no iba a ser porque yo así lo quería y salí.

Pase una larga noche cuestionándome cómo le hace uno para querer estar con alguien más cuándo sigues clavado con alguien de tu pasado. Yo no sé como y son esos los capítulos que no nos dejan avanzar, los que están llenos de supuestos y cosas inexplicables... los que te dejan con la enorme pregunta: ¿qué diablos pasó?

Tengo un serio problema. No, no es el hecho que arrastro una maleta llena de aire que pesa como si tuviera piedras adentro, sino que últimamente hay una voz en mi cabeza que narra todo lo que hago.

Como si fuera alguien omnisciente, esa voz me susurra al oído lo que me pasa y que simplemente no quiero escuchar, es un espejo que por más que intento me obliga a verlo de frente.

Mirror, mirror on the wall... tell me who's the most fucked-up random wanderer of them all?

Esa misma voz narra historias paralelas a las que vivo y me hace actuar al pie de letra. Claro está, son solo supuestos y delirios pero que me plantean mil y un preguntas. La más frecuente y la más dolorosa es ¿Qué harías si estuvieras pasando la noche conmigo?

Una pregunta que parece sencilla y con una respuesta fácil de conseguir. El problema es que no puedo hablar contigo y ni sé por qué no puedo, solo sé que así es.

Esa maldita voz que raya en la esquizofrenia me cuenta cuentos de nosotros dos. De lo que pudo ser y que no va a ser o ya no es. De lo que puede ser pero firmemente creo no es viable. De lo que sientes pero que creo de corazón (aunque me lo parta) no es posible.

Yo solo me pregunto: ¿Qué harías si estuvieras pasando la noche conmigo?

A veces creo que me faltan huevos. A veces creo que a ti también. La cosa es que no puede uno ya ceder, ya el juego empezó y si uno pierde, lo hacemos ambos. Tenemos que encontrarnos justo en medio, mirarnos a la cara y encontrar la manera de ser "The way we were" juntos, sin acabar en el "your girl is lovely, Hubbell".

A veces extraño... extraño... todo. Todo de ti y de mí y de lo que eramos. Aunque no fuera nada, aunque fuera aire, aunque fuera esa relación casual de perfectos conocidos, de conocidos cualquieras, lo extraño.

Yo solo me pregunto y pienso: ¿Qué harías si estuvieras pasando la noche conmigo?

Y empieza ese narrador que tengo en mi materia gris a contarme historia de nosotros. De cuanto en realidad nos queremos y no podemos admitir (cosa que no es cierta por tu lado), de cuan infelices nos sentimos ambos de estar en donde estamos (cosa que no es cierta por ambos lados... quiero pensar), de tus ojos y tu cabello y tu cara y tus orejas...

Y de repente te veo aquí, en éste departamento del que ya me voy a necesitar mudar porque está más lleno de fantasmas que la casa de Amityville.

Y entonces empiezo a viajar. Pensaría uno que teniendo un narrador interno, le harían vivir historias bonitas pero no es así. El muy cabrón me lleva en situaciones y escenarios donde siempre salgo lastimado, donde tengo que tomar una decisión y después regresar y tomar otra opción y siempre así. Siempre viajando por las ramas del árbol del "hubiera", del "podría" que yo sé son el "jamás".

Yo solo me pregunto y pienso y repito: ¿Qué harías si estuvieras pasando la noche conmigo?

Te quisiera mirar a los ojos y hacerte esa misma pregunta pero eso está fuera de mi alcance en muchos sentidos. El más fuerte, el sentido de ser. No sé cómo, simplemente no puedo ni está en mí. Igual y yo soy el cobarde pero esa es una conclusión derivada de supuestos de nosotros.

Igual y he dicho demasiado. Solo sé que es tiempo de crecer y que ando cargando ésta historia que nunca acabó porque nunca empezó. Solo sé que no quiero que perfiles en mi curriculum emocional como parte de mis experiencias de vida porque no aprendí gran cosa porque no había nada qué aprender. Te llegué a llamar "El hombre que no estaba listo para conocer" pero creo que un nombre más apropiado sería "El hombre que nunca conocí".

He dicho simplemente demasiado. He decidido que no perfilas en mi carta de presentación ni en mi definición de hombre ni en quién soy ni cómo siento ni qué hago. Simplemente hoy decidí borrarte de mi CV porque no me quedaba de otra.

Es como cuando estás entre dormido y sientes un objeto en tus manos. De repente reacciones y te das cuenta que no está ahí. Así es contigo. Nunca estuvo ahí, fue todo un entre sueño.

Hoy te saco completamente de mí tan fácil como que nunca estuviste ahí. Solo me llevo algo conmigo porque es lo básico, lo que no deja de ser y lo que no me deja ser. Es la pregunta que espero algún día pueda responder sin necesitar tu intervención.

¿Qué harías si estuvieras pasando la noche conmigo?

Y pensándolo mejor, creo que la respuesta no importa mucho.

Oh, fuck. Who am I kidding? Just tell me I'm the one.

lunes, 18 de julio de 2011

Ser Chiquito

La pregunta que ha rondado en mi cabeza sin descanso éstos últimos días es ¿qué significa ser grande?

Si algo aprecio de convivir con gente con mayor edad que yo es que te aportan una perspectiva más completa de las cosas. Entre muchas otras, por eso aprecio a Rafa Lechuga y mi amistad con él.

Pensé por mucho tiempo que llegar a los 20 significaba entrar a una nueva etapa de la vida dónde ya todo se veía con una perspectiva más madura, sincera y correcta. Ahora que estoy aquí, me doy cuenta que no es tan así la cosa. Pensé mal.

Mi papá ha presionado últimamente para que me vaya de intercambio. Yo estoy encantado con la idea pero el proceso no ha sido tan fácil. La parte que más me acomplejó es que tengo que entregar un curriculum. Llenar una hoja con los logros que tengo tan solo me reveló algo que ya sabía y no lograba aceptar: que estoy chiquito. Lo único que perfila son unos cuantos títulos de inglés, mi educación básica y mi actual educación superior. Nada más.

Una amiga me dijo anoche que crecer se trata de acumular experiencias, de cometer errores, tropezar y aprender de todos los anteriores. Yo ya alguna vez había escrito que crecer es ir acumulando pequeños bloques de vivencias que al final del día, todos juntos, dan la forma de un hombre. Ahora creo que se trata de más.

Si se tratara tan solo de juntar experiencias, mi curriculum sería más grande. Perfilaría experiencia laboral como consejero de vida de ciertas personas, background singer de Gabriela Pérez, amigo, hermano e hijo. En mi educación, destacaría 2 años de vivir solo, varios viajes y relaciones pasadas. Sin embargo al final del día me parece que esas cosas no te hacen crecer tanto como aparentan.

Tenemos la mágica habilidad de quedarnos justo en el mismo lugar a pesar de los cambios.

La misma amiga me comentó que es pensar las cosas un poco más y no actuar de acuerdo al sentimiento. Pensar a largo plazo, un poco como la ley Macroeconómica de Solow en donde se estudian los pequeños cambios actuales y las conclusiones que éstos generan a largo plazo.

¿Significa eso crecer? ¿Ganar perspectiva de tus acciones? Eso es más ser prudente que crecer, ¿no creen? Y entonces, ¿Qué diablos significa crecer? ¿Qué diablos significa ser hombre?

Pues resulta que hay un hombre al cuál le hice las mismas preguntas. Me respondió que crecer es ser mejor persona, aprender a dar lo mejor de ti, que es ese juntar experiencias con tal de "know better to act better". Pero saber manejar mejor las situaciones que revivimos es más sensatez y aprendizaje que crecimiento. No me satisfizo su definición.

Es que creo que en 20 años he aprendido mucho de lo que he vivido, que he acumulado bastantes experiencias que ha muchos no les ha tocado vivir, que he aprendido a ver el largo plazo de las cosas y que soy una persona sensata. Sin embargo, me sigo sintiendo muy chiquito.

Supongo que me siento chiquito en el momento en que volteo a ver lo que he vivido y no me siento satisfecho. Siento que haría muchas cosas diferentes y que tomaría otras actitudes respecto a muchos momentos de mi vida.

Creo que la cosa son esas pequeñas incógnitas de la vida. Esas preguntas sin respuesta que acumulamos respecto a lo que hemos vivido y que aparentan no tener respuestas.

Es como los supuestos que se utilizan en la teoría de Solow: un país sin crecimiento poblacional (que la gente no coja), sin desarrollo tecnológico (que la gente no piense) y con una producción igual a la demanda (que no existan los inventarios).

Entiendo que se hacen esos supuestos para poder estudiar las variables que nos importan pero en la vida diaria vivir a base de supuestos es limitar la información a la hora de tomar decisiones. Es eso que en actuaría se llama "racionalidad acotada" que explica como no puedes tomar decisiones racionales en forma ya que no cuentas con la información suficiente ni el tiempo necesario para encontrarla y porque perfila el riesgo en la toma de decisiones. Sí, es un poco más así la vida: construida en supuestos de las cosas que no sabemos, con una velocidad impresionante y con un riesgo palpable.

Vivimos a base de supuestos y ese es el gran problema. Esa figura que vamos construyendo para formar un hombre está cimentada en aire puro o en arena (si bien nos fue). ¿Cuántas veces no volteamos a ver a lo que hemos vivido y no logramos responder qué pasó? ¿Cuántas veces no logramos responder esas preguntas que siguen abiertas en nuestro pasado porque aún después de haber vivido esos capítulos no logramos entender qué diablos pasó?

Esa es la cosa. ¿Cómo se supone que uno crezca si uno no tiene la información necesaria para conocer enteramente su pasado?

A veces, cuando leo lo que he escrito recuerdo el sentimiento que tenía y lo que trataba de expresar pero muchas veces no recuerdo qué detonó lo que escribí. Muchas veces, hay completa ambigüedad respecto a nuestras acciones y eso ya no es culpa de uno, es que la vida así está estructurada, está hecha para que tomes decisiones con una racionalidad acotada... no, pues ¿así cómo?

Son esas preguntas sin respuesta de nuestro pasado lo que hace que nos estanquemos y no logremos crecer. Esas peleas que no sabemos por qué pasaron, esas palabras que no tenemos idea de por qué dijimos, esas relaciones que sepa dios por qué acabaron. Lo que viene siendo el equipaje, eso es lo que nos impide crecer.

Esas historias que pasan tan rápido y donde te confunde tanto el sentimiento que terminas haciendo las cosas mal y al final... no supiste nunca qué pasó y ni aprendiste ni lo mínimo necesario. Si la vida fuera como en el ITAM, tan fácil como que repites la materia. En la vida real, si no lograste aprender ni el sesenta por ciento necesario para acreditar, ¿cómo repites un capítulo de tu vida? De nada sirve darle vueltas en tu cabeza (cosa que todos hacemos), no vas a encontrar nada nuevo. Entonces ¿cómo le hace uno para crecer?

Creo que ahí es donde perfila el factor "tiempo". Quizá después de un rato uno olvida, deshecha esa parte de la cuál no pudo aprender mucho y la reemplaza con una que le dejo más. Un poco como cuando en un curriculum sacas ese trabajo como mesero y lo sustituyes por los años que fuiste ejecutivo. Quizá uno va limitando lo que es su carta de presentación a las cosas que son útiles y va dejando atrás las experiencias que no logró lo fueran.

Igual y crecer es como ir construyendo un curriculum emocional. Es irse quedando con lo esencial, con las decisiones mejor tomadas y ya no con lo que se vivió a base de supuestos.

Igual y no estoy tan chiquito, lo que pasa es que pongo en mi curriculum y mi carta de presentación cosas que no son esenciales, cosas que pasan desapercibidas y que están de más. Un poco como ese primer CV que hacemos cuándo queremos empezar a trabajar.

Igual y crecer no es tanto el acumular, aprender, ser prudente o sensato sino el saber distinguir qué habla mejor de ti, qué aprendiste perfectamente y qué te hace ser quien eres tu hoy por hoy. Lo esencial, lo invariable y necesario. Lo sencillo, lo que te llena de orgullo y felicidad.

Eso, para mí, es crecer. Ir armando un curriculum de tu vida y que cada vez sea más profesional y se asemeje al de aquellas almas viejas que sorprenden por su sabiduría.

Igual y no estoy tan chiquito. Solo tengo que actualizar mi CV.

domingo, 19 de junio de 2011

Cardiología



Cuando las palabras faltan, es que algo ya está mal
Es que no hay orden ni sentido en la persona, que no hay coherencia ni claridad
Es que solo hay caos y perdición, absoluta confusión y completa incoherencia

Yo no sé en que momento me volví así
Así de débil, de sumiso y de visceral
Solo sé que pasó así
Sin aviso, sin razón aparente, sin cura e impaciente

Ni sé si así soy o así me volví
Si así voy a ser el resto de mis días o alguna mañana será distinto
Si algún día éste existencialismo empírico que me pone malito de mí desaparecerá para dejar detrás nada más que una lección que algún día supe y después olvidé

Ignoro si así soy o así quise ser
Lo que sé es que no hay equilibrio ni diálogo dentro de mí
que no hay comprensión entre las partes ni raciocinio por la que domina
No se logran poner de acuerdo yo y mí mismo
Alabado sea el señor por la existencia del alma que de lo contrario ya me hubiera caído a pedazos

Así me imagino a un ser sin alma
Alguien tan contradictorio dentro de sí que sufre por dentro y se nota fisiológicamente
Que se le cae la piel y corren las lagrimas, que pierde el cabello y los dientes y con ellos, la sonrisa
Que siente cuando se ve en el espejo que si fuera arte, sería el arte más expresivo del mundo
Así tal cuál, sin más, sin alma

Lo único que sé es que vivo en proyección perpetua, que todas las canciones hablan de mí, que todo es personal, que todo pierde sentido ante la gran cantidad de posturas que hay al respecto de lo que vivo y de los escenarios que planteo como posibles
Que todo pierde linealidad y discreción, que no hay lógica en el argumento

Todas las canciones hablan de mí y todos los poemas describen lo que vivo
Todas las pinturas se hicieron como un mensaje críptico, como un secreto que algún día supe y no pude evitar dejar de saber, como si me hubiera reprimido ese pedazo de información al no saberlo manejar

Por eso me he alejado del arte, porque me deprime, no me consuela sino que me juzga y es una critica a lo que vivo y lo que siento
Siento que todo está hecho para hacerme pensar que estoy mal y no puedo por mi parte decir si estoy mal o estoy bien porque no sé por mí que pienso y que siento

En un sueño decidí ignorar algo que me hacía ser distinto
No sé si lo dejé en el sueño, si está debajo de la cama, si lo olvidé en algún antro cuando estaba intoxicado o si simplemente decidí empezar a vivir en el sueño
Solo sé que no puedo ni encontrar la raíz de mi problema y sin ella no puedo explicar lo que me pasó

Es como si en la historia alguien hubiera decidido arrancar las páginas de un capítulo entero y devorarlo por malicia
El pobre libro no tiene memoria ni consciencia histórica y terminó por olvidar de qué diablos se trataba ese capítulo e insistió en querer contar una historia que se cuenta mal, que se cuenta a medias, que se cuenta sin saberse

Me dicen las voces con más razón en mi vida que intuyen es provocado por alguien externo a mí
Que si "la luna" aquella que no bailó conmigo, que si "el hombre que no estaba listo para conocer", que si "los vivos", que si la mirada de la Mona Lisa
Yo creo que esas son excusas, que fui yo el que me lo causó, que es cobarde culpar a otros cuando no hago nada por mí mismo

Y es que veo mis ojos y no logro ver más, es que hay un espacio en blanco, veo las hojas arrancadas y me siento ansioso de estar viviendo sin vivir, sin saber lo que se supone ya sé, sin estar listo para lo que me espera

Que no soy ni príncipe ni poeta, ni matemático ni filósofo pop, ni joven ni amante ni nada
Ni loco ni soberbio, ni esquizofrénico ni durmiente, que ni soy ni estoy ni existo

Pero siento y como la tierra debajo de mis pies, "a pesar de todo, se mueve"
Se levanta, estudia, come, duerme, platica, piensa y sobre todo siente tanto exclusivamente como haciendo las demás cosas
Siente y el problema es que siente en extremo sin encontrar balance en sí
Sin lograr ser más que un estomago

Sin lograr recordar ni pronosticar, ni pensar con claridad
Sin lograr ser más que una cosa que camina por la vida sin saber de que se trata ni saber a donde va
Pero camina y no le importa
Pero le asusta que no le importe, como si se le hubiera subido el muerto en ese sueño en el que decidió quedarse y no lograra despertar
Le incomoda no recordar lo que había antes, lo que era antes, las respuestas y las teorías, los secretos y la alegría, la fortaleza y la creencia de que era alguien brillante

Y no sé si alguien escucha mis gritos
Vaya, ni siquiera sé si estoy gritando pero mis propios aullidos me aturden y me confunden más me elevan el estrés y la desesperación
"¡Quiero despertar!" pronuncia fuerte y claro el niño que algún día fue solo un enamorado
Y un servidor no sabe que hacer al respecto

Es como cuidar a un niño sin saber como hacerlo, es el temor y la constante preocupación de sentir que tienes en tus manos a alguien tan débil que por más que hagas algo de manera bien intencionada puedes terminar matándolo por no saber lo que le hacía falta

Es un abrazo en donde no se sujeta la cabeza, es un cambio de pañal torpe y mal estudiado, es un no saber atender un llanto

Es ser sentimiento puro y rebelde
La piel, los ojos, la boca, el oído y la nariz es lo único que aporta algo al conocimiento y es el tipo de información más oscura e irracional que existe
¡Ah! y el corazón
Porque cuando te pienso, aún me duele el corazón y ni se porque ni para qué
Ni sé si duele o lo que siento es un abrazo de esos que no sé recibir
Solo sé que de todos, el corazón es el que habla más fuerte y el que siente más intenso
El que confunde más y el que menos dice
No aporta, no ayuda, solo está, solo siente
Dejándome sin poder hacer algo por mí, por él, por el príncipe, por el que se llama a si mismo "el peor" ni por nadie

miércoles, 15 de junio de 2011

La Respuesta.



¿Cuántas veces han pensado en la vejez? Dirán muchos que es perder el tiempo preocuparse por algo que está tan lejano pero es precisamente ese tipo de respuestas las que hacen que vivamos dejando preguntas abiertas y que eventualmente son contraproducentes. Son esas respuestas las que hacen que vivamos sin estar preparados para vivir.

Llevo 4 días en la capital y ha sido lo que cada verano: pura tranquilidad. A diferencia de estar en éste feo lugar donde el viento da la vuelta (véase ITAM) en un semestre regular, en el verano todo es más tranquilo. Si bien no estás enteramente feliz, es parte de su belleza el no estar viviendo extremos sino en un estado de perpetua tranquilidad. Cómo me encanta el D.F. en verano.

Estaría más tranquilo si supiera como procesar algo que me pasó en Mérida hace una semana.

El jueves de la semana pasada salí con 3 grandes amigos de antro en mi ciudad natal. Por tan solo $180 podía tomar lo que quisiera y como ustedes se imaginarán, me perdí en el alcohol a mi muy personal estilo.

Nota Mental: En Mérida hay barras libres. Marcador: Mérida 1-0 D.F.

Al día siguiente me levanté con una cruda que parecía mas derrame cerebral que nada y me dispuse a ir a comprar mi torta de cochinita pibil para curarla.

Llegué al lugar de tortas más delicioso que conozco y me estacioné a unas cuadras. Me bajé de mi coche y empecé a caminar hacia el restaurante mientras platicaba en mi teléfono. Iba tan desconcertado y distraído que cuando me llamaron no supe procesar la información de lo que pasaba.

Mientras caminaba tan solo escuché una voz callada que me decía "Disculpa" con la intención de llamarme la atención. Cuando volteé vi a un hombre de edad muy avanzada que me sorprendió por su complexión: era más delgado, más chaparro y evidentemente más débil que yo. El señor era de esos ancianos que te inspiran compasión con tan solo la mirada.

Le dí los buenos días y seguido de ésto me pidió un favor: "¿Me podrías ayudar a recoger a mi hermana?".

¿Uno qué piensa? Caray, yo me imaginé que la señora se había caído y el hombre no la podía levantar o algo peor. ¿Cómo le iba a decir que no? Por supuesto que estaba recrudo y moría por mi torta pero simplemente ni supe decir que no y para ser francos ni lo intenté, enseguida respondí que por supuesto y me abrió la reja de su casa desde la cuál me había interceptado.

Se me olvidaba que la gente de Mérida es tan confiada que dejan pasar a un perfecto extraño que con sus palabras proyecta buenas intenciones sin en realidad saber nada de él. En verdad se me hizo tan extraño y al mismo tiempo tan acogedor que alguien me abriera las puertas de su casa sin conocerme con tan buena fé. ¿Cuántas veces no habré dejado entrar a mi vida a gente que después no he encontrado manera de sacarla de mi vida? Me da hasta pena contar. El punto es que la ciudad no me ha hecho desconfiado sino que me ha enseñado que una palabra no tiene valor sino va respaldado de una acción que la sostenga. El valor de la palabra de un hombre murió el día que descubrieron que no había una coercitividad detrás de dar su palabra que los obligara a serles fiel más que la tan sobrevaluada dignidad.

Nota Mental: En el D.F. aprendes a cuidarte de los extraños malintencionados. Marcador: Mérida 1-1 D.F.

Siguiendo con mi historia, entré a la casa y el señor me hizo pasar a un cuarto. En el cuarto se encontraba una señora que no tenía la fuerza para levantarse de su hamaca y cuyo peso (que no era tanto pero sí bastante) hacía que su hermano no pudiera ayudarla. El hermano me pidió que lo ayudara a levantarla y llevarla al baño y eso hice aunque la señora no cooperó mucho. Según yo estaba senil porque me preguntaba mi nombre una y otra vez y me relacionaba con otro Juan seguido de lo cuál me reclamaba cosas que no lograba entender. Le seguí el juego para poder ayudarla a llegar al baño. Después le pregunté al señor si necesitaba algo más y el me pidió que no me fuera todavía, así que me salí al comedor a esperar para ayudarlo en lo que necesite. En el comedor noté que la casa estaba increíblemente descuidada y que había gran número de medicamentos y jeringas y paquetes de pañales para adultos. Después de un rato, el señor me pidió que lo ayudara a llevar a su hermana al comedor y eso hice. Finalmente me dio las gracias por una tal amabilidad de ayudarlo cosa que no supe ver en lo que hice. Salí de su casa y me fui a desayunar.

Días después aún no lograba entender lo que vi porque no solo vi a dos personas mayores con dificultades físicas y mentales causadas por su edad sino que me vi a mi mismo en ese señor. Si de por sí soy débil, escuálido y chaparro no me imagino como voy a ser de grande. Dios mío, voy a ser inútil. Pero eso no es todo.

[Quiero aclarar que lo que voy a escribir no va relacionado con esos 2 hermanos con los que estuve en contacto, que no conozco su vida ni su historia y que simplemente despertaron en mi una reflexión]

No pude evitar pensar hasta qué punto vale la pena vivir. Me imaginé que si estuviera limitado en mis facultades físicas encontraría la manera de seguir adelante. Mientras pueda leer, apreciar arte, conocer, discutir o aportar algo creo que no tendría ningún problema con la vida. Incluso pensé que si me llegara a quedar ciego y no pudiera ni leer una novela, seguiría pudiendo apreciar la sublime belleza de los sonidos y las texturas y que seguiría adelante. Pero ¿y el día que mi mente me traicione?

Estoy muy consciente que lo más probable es que caiga en la demencia eventualmente. La cosa es que cuando ni tu cuerpo ni tu mente te son fieles ¿por qué vale la pena vivir? ¿cómo le voy a hacer para levantarme en las mañanas? Es que simplemente ya no voy a ser yo, ya nada más es el vestigio de la lucidez que algún día hubo. Ya en esa cama yacerá tan solo el cuerpo.

Si hoy tuvieras que elegir una sola cosa por la cuál vivir el resto de tu vida ¿qué eligirías? ¿qué te impulsa lo suficiente cada mañana del presente que crees te pueda impulsar cada mañana del futuro? Yo no sé, simplemente no sé. Cuando ya no puedas estar ni seguro de lo que algún día te parecía herejía cuestionar ¿qué vas a hacer? ¿qué te va a cruzar por la cabeza cuando abras los ojos? ¿con qué vas a soñar? Dice una amiga que vale la pena seguir viviendo por las ilusiones de lo que nos falta por vivir y me parece sensato pero ¿y el día que ya hayamos vivido todas esas ilusiones y las que no las hayamos dejado pasar para no poderlas recuperar? Ese día ¿qué vas a hacer?

Es que yo creo que el día que mi mente no sea mía simplemente ya no seré yo. Déjate que mi cuerpo no funcione, que sean un estorbo para alguien mis cuidados, que ya no pueda pensar o que ya no tenga lucidez se me hace la muerte en vida. Lo peor es que no me podré dar cuenta, ya no tendré la capacidad para reconocerlo. Igual y es un truco del subconsciente la demencia, igual y el instinto de supervivencia está tan dentro de nosotros que cuando nos empieza a faltar las razones para vivir simplemente nos quita el privilegio de la razón por el capricho que sentimos con seguir vivos aunque no haya nada por lo cuál vivir.

Yo no sé como le hace la gente que vive así tan a la ligera. Me sorprende como muchas más lo pintan como si fuera muy fácil. Sí, soy un chavo privilegiado cuya tragedia en la vida es reprobar una materia, evidentemente mis problemas no son catastróficos y aún así vivo encaprichado con la duda de por qué vale la pena vivir. Digo, ese soy yo y mis tendencias suicidas pero es que es de esas preguntas que como les decía no buscamos responder. A lo mejor no hay respuesta pero más vale el que intentó encontrarla al que vivió en la dichosa ingenuidad.

Y es que igual y hay una respuesta. Igual y esos 2 hermanos ya la saben y tan solo no la quisieron compartir. Igual y aún me falta para conocerla pero si algo es seguro es que yo no sabría vivir tantos años, me faltan las razones para hacerlo. Igual y no es tan a largo plazo la cosa, igual y buscamos razones que nos hagan vivir un día más, unos meses, unos años y así ir prolongando nuestra fuerza vital. Aún así, creo que vale la pena. Dichoso el hombre que hoy tenga una razón por la cual vivir el resto de su vida.

Igual y la respuesta es el amor. Igual y el día que me enamoré responderé mi pregunta. Igual y algún día querré tanto a alguien como para querer vivir toda la vida solo con tan de seguir amando.

Esa sería una bonita manera de caer en la locura ¿no creen?

domingo, 10 de abril de 2011

Esquizofrenia



Creí alguna vez que ya no tenía conciencia. Resulta que no la escuchaba y ella optó por callar antes de desperdiciar saliva. Creí alguna vez que ya no había una voz en mí que me hablara de manera sensata y con razón, que había un vacío y una nada que daba espacio a que pasara ya todo, porque no es nada, porque ya nada importa.

Ésta no es esa vez, ésta es una vez distinta pero que se siente muy parecida y no sé si es peor.

Lo he pensado mil veces y podría resumir mi vida hablando de las vidas que pasaron por la mía. Qué chistoso es que pueda explicar y entender mi existencia a través de la explicación y el entendimiento de las otras. Qué tragedia es que tanto poder y tanta presencia tienen en mí ciertas personas que ya dejan en mí cosas que después te crees que son completamente tuyas.

Y es que se pensó en cierta época que la única manera de alcanzar el autoconocimiento era saliendo de ti mismo, viéndote desde el lugar del otro y regresando a ti. Suena hasta lógico y sano, pero no es más que demente y destructivo.

El error, es que intenté entenderme a través de los demás que llegué al punto que ya ni sé quién soy.

Ya todo está mal y ya nada tiene sentido, ya siento cosas contradictorias y todo es tan esporádico y tiene tan poca relación dentro de mí que simplemente se siente destructivo. Ya ni controlo mis pensamientos, que por más que diga que ya se acabó cierto tema de discusión entre mi ego, yo y super-yo, aquellos siguen discutiendo y le siguen dando vueltas a una pregunta de la cuál no tienen la respuesta. Ya ni controlo mis sentimientos, que por más que no quiera seguir llorando, no paro de llorar y lo peor es que ni entiendo por qué lloro, ni entiendo qué pasó ni le logro hablar con lógica o darle orden a la fuerte entrada de lo dionisíaco en mí. El impulso entra con mayor fuerza porque estoy débil por dentro y no ayuda nada de afuera, todo lo hace peor.

Mi cabeza no tiene ni disciplina ni razón, no tienen principio ni fin mis ideas, simplemente vagan y juegan conmigo como si se tratara de una fuerza mayor que me es rebelde. Igual y estuvo mal intentarlas controlar por tanto tiempo pero es que nadie me supo prevenir que ésto pasaría, que llegaría el día en el que se me saldría de control todo. Yo que algún día me sentí preparado para todo lo que me esperaba me encuentro con que en realidad nada te prepara para lo que te toca vivir. Jamás se está listo para nada y jamás te logras preparar después. Ya todo te tira por la borda.

Lo que pasa no es que mi conciencia haya desaparecido de nuevo, no es que ya no haya una voz con razón dentro de mí. El problema es que ya hay demasiadas.

Tanto ruido afuera me sedujo en voz de Hegel diciendo que la mejor manera de alcanzar el autoconocimiento es saliendo de ti, mirándote a los ojos y volviendo a entrar, de manera que abstraigas como eres percibido. Lo que nadie te dice (porque al parecer está muy de moda que la gente no te diga las cosas que necesitas saber) es que le estás abriendo la puerta a otra persona de ser una voz en tu cabeza. Yo se la dí a muchas personas y ahora el problema no es que no haya una voz dentro de mí que hable sensatamente, sino que hay demasiadas.

El ruido que algún día me era externo entro por la puerta de mi alma un día de descuido y ahora no sé como sacarlo. Es que veo a los ojos a las otras personas y nunca en realidad sé que piensan o sienten y que idea tienen de mí. Lo único que veo es la nada y en un intento de ver algo relleno con la idea tan incompleta y falsa que tengo de las personas, la idea tan incompleta y falsa que creo ellos tienen de mí.

Entonces ya no pienso lo que pienso yo, ya no siento lo que siento yo, ya pienso lo que creo que esa persona piensa que estoy pensando, ya siento lo que esa persona siente que estoy sintiendo. Y ¿yo? yo nada. Ni me miro a los ojos así que ¿por qué preocuparme? No, lo que importa es esa constante impaciencia y angustia que me crea sentirme y saberme pero no sentir ni saber de la existencia y la profundidad de las otras personas. En el intento de comprender afuera de mí, terminé exponiéndome a los peligros y el estado de yecto que hay en el mundo y me dejo tan débil y malherido que ya ni como levantar la voz. ¿Qué voz? Ya ni se escucha, ni en el fondo. Ya ni se siente el vapor de su respiración, ya ni se siente la vibración de su corazón. Mi cigarro se siente más y mi blackberry vibra más fuerte. ¿Y mi conciencia? la desprecié el día que pensé que si me podía conocer era a través de otros y que lo que otros sabían de mí debía ser cierto. Ahora ya no escucho la voz de mi conciencia, ya solo escucho la voz de las personas y lo peor es que ni siquiera es su voz, es la voz que yo creé de saber lo que les he mostrado de mí, de saber lo que ellos me han dicho que opinan y piensan de mí y que es meramente un espejismo.

Éste hombre que tu ves todos los días no es más que una mentira como lo fue ya varias veces antes solo que ahora no ves su propia mentira. Ahora ves la mentira que es ante los demás. Ya ni es a través de sí mismo, ya es a través de otros completamente. Ya no siente ni piensa por sí mismo, ya su cabeza es una oligarquía de conciencias y la suya no es más que un príncipe sin corona. Ya no firma como "Yo, el Rey", ya ni firma. Ya no tiene validez ni presencia su juicio, ya es el de los otros y lo que los otros piensan que él piensa y el piensa de acuerdo a lo que cree que los otros piensan y al final ni se piensa nada.

Para pensar, se necesita órden, secuencia y se hace con lenguaje lógico. Ésta cabeza dejó de ser la casa de la reflexión, ahora es el headquarter del posmodernismo. Ya nada tiene sentido, ya nada se hace bien, ya todo es ruido y diferentes opiniones que no llegan a una conclusión y nunca están de acuerdo. Ya ni se sabe qué voz es de quién, ya todas son una misma. Ni me conocí a mí mismo, ni conocí a los demás porque adentro solo supe distinguir las demás voces de la mía, las demás ya pensaban todas por mí y tanto así me sedujeron que supieron hacerme creer que yo era el que pensaba de tal o cuál manera. Ya ni sé que pienso solo sé que no pienso yo.

Tantas voces y tantos juicios, tantas ideas de lo que pienso cuando ni siquiera pienso, tanta creencia de lo que siento cuando ya ni sé si siento y tanto creer que me conocen me hizo convertirme en ese que creían conocer que si bien en ciertos aspectos me hicieron crecer en otros no tanto y al final todos en conjunto solo me hicieron débil.

"Las voces" es el virrey del reino de "los otros" en mí. Criollo como soy, debería de estar acostumbrado a que me quiten mis riquezas y me busquen perjudicar para alcanzar mi potencia. Sin embargo quise pensar que la historia iba a ser diferente. No soy más que otro rey sin corona.
Y no hay ranchera que me logre convencer de que sigo siendo el rey.

Éste que ves, es un engaño colorido. Que se para todos los días y presume ser éste y aquél pero es que, precisamente es "éste y aquél", ya no el mismo.

Éste que ves, ya ni siente realmente. Ya el sentimiento es superfluo, ya el llanto es algo más, algo que pasa y no revela nada de adentro sino de fuera. Éste que ves, ni siente. Es un juguete, un actor, que si bien siempre fue histriónico, dramático y exagerado, ahora lo ha perdido todo. Ahora solo llora cuando lo dicta la escena, finge el sentimiento que exige el guión, se mueve a proscenio cuando se lo ordena el director y cuando nadie ve, nada es. Ésta certificadamente loco y ya ni el sentimiento es auténtico.

Éste que además tu crees que ves, ni lo ves. Ni lo conoces y si algún día lo conociste, pues que pena porque ya ni está. Ya no es el mismo, ya no es igual, ya es algo más.

Ya es meramente, un retrato colorido de lo que algún día fue. Que si bien engaña al tiempo y se vuelve eterno al asegurarse de perdurar en tu memoria al convertirse en lo que tu mente cree que es, en realidad no vale la pena porque no es real, es ficticio.

Cada diálogo y movimiento ya no es mío, ya ni es mi vida. Soy un actor de reparto de la vida de todos los otros. Ya el guión que leo no es el mío es el de todos los demás y eso es lo que me está volviendo loco.

Ya solo Sor Juana me entiende y así que sigas "qué padre", tampoco porque ella, como yo, está bien loca. Porque el poco sentimiento que es real desborda como le desbordaba a ella, ya nada se controla y ni se disfruta ni se vive, porque se duda de que sea real. Ya estoy loco, otra vez.

Ya todo está mal, ya nada tiene sentido. Ya ni mi nobleza me queda pues hasta a mis ideas le soy infiel y mis sentimientos más que de príncipe griego parecen de aristócrata francés.

El príncipe que me decían que era ya ni es, jamás llegó a ser rey. Jamás firmará como lo hizo Fernando VII, ya firmará como lo hizo Sor Juana: con su misma sangre, "Yo, El Peor" que ni con "Yo" debería de firmar, porque hasta hablar de mí es cauteloso engaño del sentido.

En palabras del fénix de América, supe saber de mí por fin algo después de largo tiempo. Supe saber que éste que ves, engaño colorido

es polvo,

es sombra,

es nada,

es un príncipe olvidado, que abdicó al trono prometido por una vida de placeres sin sentido y un mundo para el cuál nunca estuvo preparado.

Es una mentira más de esas que él dice todos los días y con la misma dejan de ser y con la misma deja de ser. Es transeúnte y transgénico, es un ser de ciudad perdido en el ruido de todos los días y es un demente que llora con 2 cubas y se ríe sin sentido con la 3era. Es un alcohólico y un adicto, es un intenso y un perdedor porque perdió hasta el sentido que ya ni siente ni conoce ni recuerda. Ya no hay más y todo está mal, ya hay nada y nadie quién la rellene. Ya solo espera sentado y ni sabe qué espera. Solo espera su siguiente escena y cuando no hay escena se sienta y espera más. Espera al que pase por delante para ser ahora su engaño colorido.

Se le va la vida en el engaño o por lo menos eso cree, porque para que él diga que aún hay vida deberá ser escrito en el guión del que pase enfrente.

Y escribe cartas esperando que alguien sepa qué pasa y le diga. Escribe cartas y espera que una voz que entre le regrese la armonía. Ni sabe si habrá respuesta pero, como ya dije, espera. Porque ni es príncipe, ni rey, ni polvo, ni pintura, ni actor. No es, SOY y ya que estamos en confianza les firmo con el único nombre al cuál respondo hoy en día:

Sinceramente
Yo, el peor.

viernes, 18 de marzo de 2011

De La Familia.

¿Saben qué verdaderamente duele? que te definan por una cualidad.

Lucho mucho por ser auténtico. No es una tarea fácil, lo sé, pero he logrado (y estoy muy orgulloso de eso) rodearme en mi vida de personas que me reconocen como tal, como algo que simplemente sabe diferente, no único, pero auténtico. Hoy me toco que me definan por algo.

Llevo una vida siendo juzgado por una sola cualidad. Que si soy el niño bueno, el sensato, el maduro, el soberbio, el raro... ¿qué quieren? siempre siendo abstraido como una sola cosa.

En Mérida si algo apreciaba y sin embargo me causaba conflicto era que mis amigos me sintieran en un nivel que no aceptaba ciertas cosas. Que si decía "yo lo hubiera hecho diferente" me respondían "tu eres Juan, no cuentas" y así de fácil, me descartaban porque, al parecer, mi experiencia y mi manera de ser no se comparaban.

Luché mucho para bajarme de eso porque no quiero ser considerado como algo más, quiero ser alguien normal, quiero ser hombre, humano ya que ahí se da cabida para muchas cosas y yo quiero esa libertad que me promete.

La última cura no es, como dice Heidegger, "ver hacia el pasado y ver que he sido". La última cura es verme a mi mismo y decir, y saber, que soy uno del montón.

Piénsenlo, si eres uno más no rompes estadísticas, no sobresales, no averías promedios. Eres uno más, alguien que se acopla a la tasa de mortandad existente, alguien averso al riesgo, alguien no capaz de diferente que el resto. Te da seguridad, estabilidad ¿no crees? Saberte uno del montón te deja tranquilo, te hace si bien no menos alguien más, alguien que existe y se va sin más. ¿Qué bonito, no? Qué paz te deja sentirte alguien del montón, alguien que no es diferente, simplemente es igual.

Esa tranquilidad te la quitan las etiquetas. El sentir que eres diferenciable, que eres una cosa distinta que el de a lado. Ahora ya no puedes saber nada de ti. Puedes saber algo de la sociedad, de los demás e incluso del de a lado ¿pero de ti? completa incertibumbre. Qué horror.

¿Cómo le hago para sobrevivir en una sociedad que por más que yo intente, insiste en ponerme una etiqueta? Que insiste en constreñirme a un adjetivo y su idea de él y nada más. ¿De qué vale querer ser auténtico si al final no te perciben así?

Igual y soy yo que vengo de un ambiente en que la imagen, la sociedad y la impresión que dejas, importa. Quisiera pensar que estoy lo suficientemente lejos de el para decir que no me afecta pero no puedo, lo arrastro conmigo. Igual y soy yo que suelo hacerme éstas historias en mi cabeza. Igual y soy yo y mi existencialismo que no me deja escapar del valor de mis ideas. De lo que sí estoy seguro (porque me consta) es que por más que haga un esfuerzo por ser algo, no voy a ser percibido de esa manera y me va a pesar. Me va a doler.

¿Saben cuál es la última cura? Saber que no eres uno del resto, que eres un individuo que no deja de caber en la definición de hombre. Saber que existen personas que te saben lo suficiente como para distinguir lo que te hace ser tu y lo que te quita. Saber que existen personas que exigen que se te considere hombre, humano y no solo una cualidad. Saber que lograste en tu poco tiempo de vida convencer a otros de lo que tu piensas de ti. Saber que lo que eres, puede ser conocido por otros y que te consideran hombre y nada más. Que no te dan etiquetas porque tienen una imagen y una concepción demasiado amplia de tu persona como para hacerlo. Saber que existen personas cuyos ojos te revelan el paraíso y no el infierno como el de los demás.

A "los vivos" les gusta llamarle "amigos" a esas personas. Yo les llamo "familia".

No sé decir si la familia te da más bienes que males como los amigos. Simplemente no sé decir cuál te dan en mayor cantidad y calidad. Lo que sí sé decir es que familias he hecho muchas en mi vida. Si bien Dios me dio una que no pude elegir y (al parecer) no me toca más que aguantar, incluso en esa familia he podido construir una que sí eligiría. Esos son mis 2 hermanos, que son una de mis familias.

No creo en las imposiciones, creo que debemos de librarnos de ellas. No es de una mente crítica el aceptar dogmas como son "tu familia es tal y tal". Creo en la lucha de librarnos de eso y hacer nuestra propia vida como nos guste.

He hecho varias familias en mi vida. Disfuncionales, rotas, hermosas y concretas... de todos los tipos y puedo decir, que solo la familia que creas y que no dejas se te imponga es la que te permite ser hombre (con toda la libertad que la palabra implica) y eso simplemente es invaluable.

La libertad no tiene precio y es que cuando te encuentras con un grupo de personas que te la dan sin más aprendes que ahí perteneces, debes de estar a lado de esas personas que saben lo que eres y lo que no y que lo que hagas o resultes ser o en lo que te conviertas ni te quita ni te da, simplemente te permite ser.

Y para ellos, es el mundo que seas tu... Auténtico.

Gracias, familia, por percibirme tal cuál: auténtico, hombre y humano. Sin etiquetas, sin cualidades que me encarcelen, sin palabras que me constriñan. Simplemente, yo.

Gracias, familias, por estar ahí y aquí, por haberme permitido estar bajo su comprensión y por permitirme ser.

Gracias, familia, que si bien artificial (creada por mí) han sido lo que más natural se siente y en donde más perteneciente me he sentido en la vida.

Gracias.

martes, 8 de marzo de 2011

La Mirada Que Sostengo.


El infierno no es la mirada de los otros como dice Sartre. El infierno es mi propia cabeza.

Dicen por ahí que los ojos son la puerta del alma pero cuando en la actualidad se tiene un alma que está podrida, un alma muerta que ya no siente el peso de sus propios pecados, entonces ¿ventana de qué son los ojos?

Dicen por ahí que disfrutamos el sufrimiento ajeno. Prueba de eso es el morbo, la afición que sentimos al drama (tanto propio como ajeno) e incluso la gran popularidad que reciben videos en YouTube de personas que se lastiman. Nos encanta el sufrimiento ajeno pero nos da miedo.

Plantéate el siguiente escenario: Alguien te cuenta la historia de su vida y encuentras gran número de experiencias determinantes que son increíblemente similares a las tuyas. Ves como está actualmente dicha persona, los traumas y defectos que tiene y no puedes evitar preguntarte si tu tienes los mismos y en qué grado.

Le huimos a la mirada ajena por que vemos en ella el mismo infierno pero no el nuestro, el de la otra persona. Sentimos en ese momento angustia y desesperación porque al mismo tiempo, esa persona está viendo el nuestro y lo peor es que nosotros no podemos contemplarlo.

Le huimos a nuestra mirada en el espejo por la misma razón. Recuerdo cuando era chiquito, que no podía dormir si en la habitación de mi infancia la puerta del baño estaba abierta. Mi baño era un gran corredor que terminaba en un lavabo con un espejo encima. Le huía al espejo, me quitaba el sueño y me dejaba sin descanso saber que mi espejo estaba a tan fácil acceso de mí. Imaginar tropezarme con mi mirada era lo que me asustaba. Ver mi infierno, era lo que me consternaba porque de chico solía hacerlo mucho, sostenerme la mirada en el espejo y revelarme a mí mismo mis inseguridades y defectos. Nunca lo podía hacer por mucho tiempo, era demasiado difícil. Aún hoy, le huyo a mi mirada.

Cada mañana cuando salgo de mi cuarto está en mi sala una mirada que me confronta y me reta. La pintura de la Mona Lisa se ganó un lugar en mi nueva vida por muchas razones pero entre las principales era tratar de empezar el día con un poco de humildad inspirada por la mirada tan fuerte e intimidante de esa mujer. No puedo escapar sostenersela porque me persigue mientras camino por la sala, cuando voy al baño, cuando regreso a mi cuarto. Me persigue y me sabe algo.
Ella tuvo la suerte de tener a un magnífico artista que le capturara el infierno detrás de sus ojos. El espejo me revela a mí mi propio infierno pero no me quita la angustia de saber qué diablos le revelo a otros cuándo les sostengo la mirada. Una pintura, te salva de esa angustia. Ahí está plasmada tu propia mirada, la que tu conoces y tu sabes y te quita la angustia pues fue capturado a través de la mirada de otro. Esa mujer supo, mientras posaba, que le avenía una paz que quien sea que contemplara esa pintura no iba a poder tener.

El infierno detrás de mis ojos se esconde. El concepto de un lugar dónde pague por todos mis pecados, dónde sufra de manera no-humana y no tenga descanso no tiene forma, para mí, de una tortura de cuerpo, de un calor insoportable, de un eterno caminar. Tiene forma de mi propia mirada, de mi propia cabeza. En el infierno, no nos encierran en un cuarto como dice Sartre con otras 2 personas a tener que enfrentarme a mí mismo. Aún peor, me despojan de mi cuerpo para que quede solo mi alma y ésta se pueda doblar sobre sí misma y verse a los ojos y sufrir. Por siempre.

El infierno vive en mí, es mi propia cabeza. Es ese thriller psicológico, esas ilusiones que no llené, esos sueños que no perseguí, todo lo que dejé ir y no puedo cambiar y me duele y no me puedo esconder a mí mismo. ESE es el verdadero infierno. Tener que enfrentarte a ti mismo y tener que contemplar y sostener tu propia mirada por la eternidad.

Cuando le entregamos nuestra mirada directa a un extraño, generalmente es bien apreciada. Uno sabe que para revelar ese infierno y esa alma tan imperfecta que traes, es un gesto de amabilidad. No cualquier persona te sostiene en un principio la mirada con tanta facilidad, les cuesta trabajo porque tienen que ver al mismo tiempo un infierno que no entienden porque no conocen a la persona a la cuál le pertenece y al mismo tiempo están dejando que alguien más sea testigo de lo que le espera, angustiado por no saber cambia la mirada.

Lo verdaderamente interesante, es cuándo sostenemos una mirada intencionalmente. Cuándo se la damos a un amigo en la esquina dónde está el sitio de taxis y te dice "te quiero". Esa mirada, es mucho más interesante. Ya no es gentil, ya es auténtica. Ya no hay nada que esconder, ya entiendes lo que esconden mis ojos. Ya no me angustia no saber que ves, ya quiero que veas más. Ya no me intimida el infierno que me revelas, ya me fascina y me gusta. Ya no es infierno, ya es posibilidad de algo más. Ésto es lo que ve un amigo.

Un enamorado no ve el infierno, un enamorado dice otra cosa de tus ojos:

A mí me encantan tus ojos y todo lo que me revelan. Porque cuándo los veo, ya no contemplo tu infierno. Ya lo comparo con el mío y lo único que veo, es el Paraíso. Cómo me encantan tus ojos.

El infierno que escondo detrás se vuelve algo irrelevante con el amor. La cosa cuando uno se enamora es que ya puede dormir tranquilo porque ha contemplado el Cielo mismo. Basta con una probadita del cielo para poder bajar al infierno sin miedo a nada.

De verdad, qué feo es el infierno. Para eso existen los amigos y para eso existe el amor, para contemplar el drama de la vida, lo apolineo y lo dionisiaco al mismo tiempo. Solo a través de los ojos de un amigo se puede alcanzar. Qué feo es el infierno y qué fácil es no tener que vivir angustiado por él.

¿Será ese lugar detrás de nuestros ojos al que vayamos "los malos" cuándo muramos? No lo sé. Lo que sí sé es que a través de la reflexión y del autoentendimiento, deja de ser un infierno. Si existe el infierno, es como lo describí. Si existe, mejor que en vida hayas aprendido a sostenerte la mirada porque te la tendrás que sostener por la eternidad.

Mi infierno es lo primero que proyecto al mundo cuándo despierto. Es con lo cargo todos los días y de lo cuál no me puedo librar. Es también mi puerta al mundo y la puerta del mundo hacia mí. Es lo que esa mujer que vive en mi sala ve todas las mañanas y lo que la hace sonreír. Es lo que a mí me recuerda que hay que vivir sabiendo enfrentar las miradas, sabiendo contemplar los infiernos de los demás, no con morbo, sino con las ganas de apreciar toda su belleza.

El infierno no son los ojos de los demás. El infierno se esconde detrás de mis propios ojos. Los de los demás, son los suyos y son simplemente el memorandum constante del destino de lo que me espera y lo que cargo conmigo.

Aún hoy, me dan miedo los espejos. Aún hoy, le huyo a mi mirada. Aún hoy, me intimidan mis propios ojos y lo que me dicen a mí de mí. Quizá lo que más me da miedo es la posibilidad de sostenerla y descubrir la nada, porque también hay esa posibilidad y esa es una que no sabría soportar. La nada detrás de mis ojos es el miedo con el que vivo cada vez que veo un espejo.

Pronóstico de la semana: Aprender a sostenerme la mirada.

miércoles, 16 de febrero de 2011

De La Soberbia.



Es la cosa con la soberbia: Te sirve para alcanzar metas altas pero al final del día no deja de ser un espejismo que esconde inseguridad.

En parte es mi culpa, en parte es la culpa de mi escuela. Se dice la mejor escuela para poder tener el derecho de exigirte ser el mejor estudiante. La cosa es que ese delirio de superioridad traspasa al grado que nos sentimos la promesa del país, el profesional que tanto soñaba México pero la cosa es muy distinta.

Yo creo que soy soberbio. Suelo decir que nunca me ha llevado a nada malo pero a ratos no sé, a ratos creo que se sale de control y no se da uno cuenta. La religión cristiana lo considera un pecado capital y como el resto de ellos tienen algo muy poderoso que es que toman por completo tu ser.

Ésta semana fui a una exposición en Loreto y vi una serie de 4 pinturas de arte sacro; en la primera estaba el corazón humano lleno de demonios, en la segunda los demonios salían para dejar un corazón sangrante, en la tercera se representaban los símbolos del via cruxis y en la cuarta se presentaba a un corazón limpio, con Jesús viviendo en él. En las últimas 3, seguían siendo representados los demonios (que representaban los pecados capitales) e incluso en la última, los demonios seguían rodeando el corazón, listos para entrar.

La primera es muy clara a lo que quiero expresar. El poder tan particular que tienen los pecados capitales es que toman por completo el corazón de uno. Cosa muy peligrosa.

La soberbia es comúnmente el problema de la gente que se cree inteligente. Siempre me ha provocado la soberbia de la Mona Lisa precisamente porque radica en ese creerse inteligente. Ésta mujer te ve y te sonríe como si te supiera algo, se ríe por dentro de ti, te ve y te juzga. Hay algo en su mente, algo sabe ella de ti que tu no y tu, en consecuencia, te quedas perplejo, te vuelves débil ante la soberbia de ésta mujer.

Es la cosa con la soberbia, te da poder sobre los demás. El hombre es lo que le dicen que es y si tu te dices a ti mismo que eres mejor que los demás, entonces lo vas a ser pero no deja de ser en su origen una mentira, no deja de ser espejismo de la cruda realidad que tu sabes: "no soy mejor que nadie", una idea con la que no sabes lidiar. Es la cosa con la Mona Lisa, es lo que ella sabe y tu no, ella sabe que no es mejor que tu pero esa misma idea le da el poder y la autoridad de hacerte creer lo contrario. Qué cosa más chistosa ¿no crees?

La soberbia sí sirve para llegar más lejos pero solo hasta cierto grado, eventualmente te estanca, si piensas que eres el mejor ¿dónde vas a crecer? Qué pena, porque si ya no vas a crecer más, bien podrías estar muerto.

¿Les pasa que a veces les cuentan de un dolor físico y ustedes lo sienten? A mi me pasa y muy seguido. En la misma exposición se representaba el corazón de María siendo atravesado por 7 espadas, una por cada uno de sus dolores. Ver esas imágenes me causaban a mí un dolor en el corazón, distinto al que les platiqué hace unas semanas, distinto porque no sientes que se te rompe (bueno fuera) sino que sientes que te lo hieren lenta y constantemente.

La soberbia es una cosa preciosa en el sentido que es un teatro. A mí me mata de la risa ver el show que pongo de mi persona (Así me gusta ser) pero ver esa imagen en el espejo a manera de contemplar la imagen del corazón de María, duele y duele porque tu no te crees esa mentira. Tu te ves a los ojos y sabes que no eres mejor, que eso te dijiste que eras y ves aún más allá, ves todas esas inseguridades por las cuáles creaste esa mentira. Ves la idea que despertó tu soberbia y no es bonito, dejas de sonreír. Les apuesto, que cuándo a la Mona Lisa le pusieron un espejo enfrente, perdió su mágica sonrisa. Mientras tanto, a todos nosotros nos hizo creer que era mejor.

De la soberbia puedo decir mucho porque la soy encarnada. La cosa es que te das cuenta que no eres tu, que no estás completo, que pierdes la dualidad de ser bueno en ciertas cosas y malo en otras, que olvidas que no hay nada malo con ello que simplemente así es y así es bello.
Cuándo te libras del pecado, te sientes como fuera de ti, como desentendido. Es parte de la seducción porque en realidad, estás más dentro de ti que nunca: vulnerable, débil y auténtico. Estás en ti.

De la soberbia puedes decir mucho tu también porque lo somos todos. Todo empieza cuando eres niño y tus papás te dicen que eres especial, que eres mejor que eres de tal y cual manera. Cuando sobrepasas las enseñanzas de tus papás una persiste y es que aprendiste que si tu no crees algo de ti, nadie lo va a creer por ti. La cosa es que se distorsiona ésta idea y en vez de estar consciente de lo que eres empiezas a sobre estimar lo que tienes y te pierdes en ese alter-ego que es desde tu punto de vista una mejor versión de ti. Tu mismo le crees la mentira a esa persona que ya no eres tu y que te dice que es mejor. Te la crees hasta que cae la noche, te ves al espejo y te acuestas a dormir solo sin saber mentirte más.

De la soberbia puede decir mucho el mundo. De la humildad, nadie. Triste verdad.

Otra triste verdad: la soberbia lastima, la soberbia destruye más de lo que construye y corroe. Tengan cuidado, siempre que por lo menos en mi vida, es mi peor enemigo y aún peor es que el enemigo soy yo mismo. Yo contra mí mismo y tengo todas las de perder.

martes, 15 de febrero de 2011

A partir de hoy.



Empiezo a creer que soy como un niño chiquito al cuál cuándo le dices que haga algo, quiere hacer exactamente lo contrario. En particular, cuando se trata de festividades.

Tengo algo en contra de la navidad, tengo algo en contra de año nuevo y hoy tengo algo en contra del día del amor y la amistad.

Tenemos un serio problema y es que vaciamos nuestras festividades, las celebramos de manera forzada, no con sentimiento. Creemos que existen fechas para sentir de cierta manera y nos determinamos a hacerlo. El resultado es un sentimiento pasajero y vacío, un sentimiento que no se dio de manera natural y si algo me insulta en particular es el 14 de febrero y como la gente fuerza el amor y el romance.

Hace 2 años, me peleé con una de mis mejores amigas. Llevábamos una semana sin hablar y el 14 de febrero a primera hora en la escuela, ella decidió que era hora de hablar. Me dijo que no iba a permitir que pasáramos el día de la amistad peleados, que nuestra amistad era demasiado importante para ella y no iba a permitir que un día que para ella significaba mucho no pudiera compartirlo conmigo. Nos contentamos y me dio un regalo hermoso: una foto de los dos en mi cumpleaños número 18. La foto la guardo aún.

Es, mi amiga, la única persona con la que me he tropezado en mi vida que sin forzar supo hacerme sentir amor el 14 de febrero. La cosa es que hay que entender que se trata de mi amiga Verónica quién tiene vocación de diseñadora de modas. Es una excepción a la regla ésta mujer porque su talento es capturar el cambio, la emoción y los sentimientos de la sociedad día a día, en el tiempo presente y cambiar para con ellos, crear productos que encapsulen el sentimiento que se intenta ya sea forzar o que se de naturalmente. Ella tiene una sensibilidad impresionante y es por eso que puede celebrar un 14 de febrero de manera auténtica. El resto de nosotros somos almas desgraciadas que nos mentimos a nosotros mismos.

La cosa con el amor es que no se puede dar "under request", no se le puede decir a alguien que está enamorado que haga un gesto romántico cierto día. A veces no fluye tanto la creatividad, a veces el sentimiento no está siendo tan vívido. Para el amor, no se puede elegir un día porque el amor no se puede sentir solo un día. Los verdaderos románticos no celebran el 14 de febrero, los verdaderos románticos se limitan a reírse de los demás, de sus gestos trillados y sus regalos más hechos por la sociedad que por ellos mismos. Los románticos no sienten lo que el resto de nosotros nos vemos obligados a sentir el 14 de febrero, ¡Ellos están enamorados del amor! y cuándo eso sucede, se pierde noción del tiempo, el pasado se dobla en el presente y se proyecta al futuro, se pierde la concepción de tiempo cíclico y la persona a la cuál le pertenecen sus pensamientos y sentimientos se vuelve el todo, quedando de ellos nada.

Dar chocolates y flores, hacer una cena especial y llevar serenata sale sobrando y en realidad no tiene un mayor efecto por hacerse en San Valentín. No quieres que la persona que amas dude de eso y creo que le das pié a que así sea, no puedes evitar creer que esa persona se pregunte "¿hizo el gesto porque en verdad me ama o por la fecha?". Si no lo duda, qué suerte pero eventualmente va a dejar de ser pregunta, va a ser una afirmación la que haya en su cabeza: "Me ama pero lo hizo por la fecha". Lo que antes fue una bendición, se volverá una cosa horrible.

¿Quieres celebrar San Valentín? Ama. Convierte ésta en una fecha para confesarlo todo. Si se perdonan los regalos tontos y la cursilería absoluta, ¿cómo no te van a perdonar confesar cuánto amas? Vivimos asustados de contar cuánto amamos a una persona, con que nivel de delirio y desesperación, con que ternura y devoción y no se puede vivir de ésta manera. El mejor regalo que puedes dar es por fin confesar que te extraño, que no puedo estar sin ti porque me deshago, que cada rincón me habla de ti y habla de mi. Que la luna ya no brilla por tus ojos, te bajaría las estrellas si pensara que ella merecieran ser un regalo para ti, te daría mi vida si me lo permitieran y te amaría hasta el final de mis días si me lo permitieras tu.

El problema del día de hoy es particularmente la juventud. Piensan que "el día de los enamorados" es eterno. Piensan que su relación es perfecta y se les olvida que es real, que pueden mañana estar con alguien más sino es que solos. Los jóvenes se vuelven miopes al riesgo, olvidan que es muy posible que le estés dedicando un gesto a alguien con quien no acabes y entonces, el gesto se volverá vacío y frío, entonces ¿qué hiciste? forzaste el sentimiento que te dijeron había que forzar "porque es 14 de febrero". Vamos a ahorrarnos la pena de hacer gestos vacíos "in the name of love". Haz el gesto sincero y sencillo de confesar lo mucho que amas. De eso jamás te podrás arrepentir, ese jamás será un gesto vacío.

San Valentín es una fecha sobrevaluada e incoherente. Celebramos al amor con regalos estereotípicos y caricias forzadas. Vamos a rescatar ésta fecha. El amor no se entrega en una caja de chocolates y tampoco en una foto de tu cumpleaños número 18. El amor se entrega cuándo le dices a tu mejor amigo que lo quieres demasiado para estar hoy separado de él. He vivido 20 días como éste y les juro que el único que recuerdo y aprecio es ese y por ese gesto. Me regalaron amor y a ustedes una simple paleta. Me regalaron amistad y ustedes regalaron un clavel. Respóndanme: ¿Quién le hizo un mayor homenaje al amor?

"A partir de hoy te entrego el corazón, mis secretos, mi destino e ilusión, mi locura y mi razón.
A partir de hoy te digo que te amo y que no puedo estar sin ti porque te extraño"
Éste me parece un mayor homenaje al auténtico sentimiento del amor que cualquier otro. Ahórrate el buscar un regalo que va a ser vacío y regala el presente tan auténtico que tienes ya dentro de ti: tu sentimiento.

Solo cuando entiendas que tu relación es real y no perfecta vas a poder hacer como un amigo hizo hoy, una simple cena, una sorpresa sencilla pero que no pierde belleza. Solo cuándo te sobren las palabras, el menor de los gestos va a valerlo todo.

Pronóstico: Repite el 14 de febrero y pídele perdón al amor por haberle hecho un mero rito a algu que se merece una ceremonia solemne. Por todos los cielos, es el día del amor no el día de la mercadotecnia.

viernes, 4 de febrero de 2011

El día que Juan Solis lloró

Te pesa la soledad cuándo recuerdas lo bien acompañado que estuviste algún día. Nunca he pasado un 4 de febrero mal acompañado y de verdad le doy las gracias a mis amigos por eso.

He enraizado distintas vidas alrededor del mundo. Una en Mérida, una en Colorado y una más en el D.F. y de verdad ninguna de ellas ha sido menos que emocionante, divertida, dramática y feliz.

Es la nostalgia del 4 de febrero de cada una de esas vidas la que me hace llorar.
Medio Moët después (ok, admito que me tomé casi toda la botella) empecé a recordar que le debo unas gracias a la gente que ha hecho mis cumpleaños tan maravillosos.

A los 20, no se trata de acumular felicitaciones en tus redes sociales como cuando tenías 18. No se trata de acumular regalos como cuando tenías 4. Se trata de amarte y amar a la gente que te hace tu.

Pocas personas en mi vida creo que me han ayudado en mi camino a ser auténtico como yo quiero y me veo. Me da nostalgia alejarme de ellas pero lo chistoso es que me dieron todo su apoyo al hacerlo, que se han sentido orgullosos y felices por mi de haberlo hecho. Les agradezco infinitamente.

Doy gracias a mi manera de ser el no haberle llorado a la Luna para dejarla detrás. Doy gracias que si es que tenía que llorar era precisamente al dar gracias a las personas que me han ayudado a ser yo. Lloré por ellos y lloré por mí.

No soy el mismo que fui los otros 4 de febrero, soy algo distinto y mejor. Algo más feliz y encantado con su vida, algo enamorado con el mundo y fascinado con su alrededor. Algo que hoy parece estar tomando forma de hombre. Jamás hubiera podido llegar aquí de no ser por las personas que cuando fui otro, sintieron auténtica felicidad del hecho que cumpliera años.

Razones para celebrar sobran. Desde el punto de vista actuarial, cada vez que cumples un año superan probabilísticamente hablando millones de posibilidades de muerte. Desde esa perspectiva, cada año cumplido expandes tu esperanza de vida. En realidad no se te escapa, sino que ganas más. ¡Feliz expansión de tu esperanza de vida!

Razones para agradecer también sobran pero se nos olvidan.

Gracias amigos, lectores, twitteros y simplemente todo aquel que se sabe mi nombre, mi cara o que tiene una idea de mí. Me hacen quién soy y estoy muy feliz con ello. Es solo lógico que les de las gracias.

Gracias a todo quien ha entrado mi vida y ha hecho bien, mal o ha pasado desapercibido. Me han hecho muy feliz.

Hoy derramo una lágrima de felicidad por mí que es más una de gracias a ustedes.

El Pronóstico es: Dar gracias a la vida. Lo poco que tiene que ofrecer, es lo más grandioso que jamás pude imaginar me iba a tocar.

lunes, 31 de enero de 2011

Vas a conocer a nuevos extraños.


A los que me conocen, saben que suelo prometer cosas que no cumplo. Es un muy mal hábito, lo sé. Le pido a mis amigos que me recuerden constantemente las cosas, que me hagan apuntarlas en mi agenda y bromeo diciendo que así "aumentan sus probabilidades de que las haga". Claro que el riesgo siempre está presente y cabe la posibilidad, con mi mala memoria y nivel de distracción, que aún así, no haga las cosas.

Sin embargo, hoy les puedo hacer una promesa: Conocerás a nuevos extraños.

Cumplo 20 años éste fin de semana y quiero celebrarlo, creo que me merezco celebrarlo. Siempre me cuesta un enorme trabajo hacer listas de invitados y mantenerlas a un mínimo. Son demasiadas las personas con las que quiero compartir mi felicidad porque eso es un cumpleaños.

No hay que olvidar que lo que para nosotros es una fecha especial, para el resto del mundo es un día más, un día en el que pueden suceder tanto cosas buenas como malas. No hay nada de especial en regresar al mismo día del calendario solar en el que alguna vez naciste. Sí, puede que estés parado en el mismo punto del universo en el que estuviste hace un año, cinco o veinte pero eso no significa que tu seas el mismo. No es el mismo día ni eres el mismo aunque las paredes parezcan decir lo contrario.

Un cumpleaños es así una excusa como hay muchas para celebrar. Algunas veces tenemos la excusa y no celebramos, otras celebramos sin tener excusa. Un cumpleaños es tener la excusa y, sí así lo deseas, celebrar. Yo quiero celebrar que tengo 20 años de historia. Diría Heidegger que es la última cura, el ver que aunque no eres nada al voltear y ver tu historia por lo menos fuiste algo. Vamos a creersela un segundo.

Hace 5 años yo era un inocente niño en la ciudad de Fort Collins, Colorado. En ese entonces celebré con los amigos que había hecho en ese año y ellos estuvieron ahí dispuestos a hacerme sentir feliz. Hace 2 años era un adolescente en Mérida, Yucatán y celebré con la gente que veía todos los días y los aprecié muchísimo por estar ahí compartiendo conmigo el haber llegado a la mayoría de edad. Hace 1 año era un joven que ya hoy no me reconozco y estaba en éste mismo departamento de la Ciudad de México con unas cuantas personas que lograron encariñarse conmigo muy rápida y muy profundamente y con muchas ganas celebrar junto a mí.

Hoy me siento alguien aún más diferente.

Cuando era pequeño solía tener un sueño recurrente. En el sueño caminaba por un parque con un grupo de personas de distintas edades. Habían bebés, niños, adolescentes, jóvenes, adultos, señores y ancianos. Cada uno de ellos, era yo en un punto distinto de mi vida. Soñaba con encontrarme conmigo a través de los años.

Pienso que si hoy se diera esa reunión sería algo incómoda. Que por lo menos el yo de 20, recordaría pero no reconocería a los yo más pequeños y creo que a los más grandes los vería asombrado con el cambio.

He cambiado y la razón que más evidente me lo hace es que cada año he tenido una lista diferente de invitados a mis fiestas de cumpleaños. No lograba entender lo volátil de mi cambio pero es que no lograba unir las piezas y no entendí hasta que quise armar ésta lista.

El hombre no es nada distinto a lo que le dicen que es. El que hable muy mal o muy bien de un hombre subestima el poder de sus palabras para hacerlo eso y más. El hombre es lo que se piensa de él.

Cada año por los últimos 5 años he regresado a ésta fecha en el tiempo cíclico que vivimos y me he encontrado rodeado de personas que siempre piensan cosas distintas de mi, que me llenan de dudas y algunas veces de certezas, que hacen una opinión en parte de lo que les hice creer, en parte lo que ellos quisieron creer y en parte lo que soy. Cada año me han hecho un hombre diferente porque cada año hay gente diferente a mi lado.

Cada año, alrededor de éstas fechas en las que me dedico a pensar quienes deben estar junto a mi, quienes se la van a pasar bien, quienes sé que les va a importar y quienes nada más están de más y cada año cambian las personas que ahí están. Cada año, conozco a gente nueva y por los últimos dos años he celebrado con gente que, sinceramente (a pesar que después amigos como Diana o Daniel me reclamen éste comentario), no son más que extraños. Gente de la cuál no sé mucho y ellos no saben tanto más de mi. Pero han habido personas que siguen estado, año tras año, cumpleaños tras cumpleaños y esos son los que me conocieron auténtico, los que me vieron con bienes y males (ninguno en extremo) y que a través de ellos aprendí a ser yo.

Como actuario, se supone que trate de predecir el futuro dado los eventos del pasado. Como actuario, hoy les pronostico que conocerán a nuevos extraños. Qué cosa tan maravillosa.

Es la maravilla de conocer personas, de estar cada año con alguien distinto, platicando y conociéndose, permitiendo que entre los dos se conozcan a sí mismos mejor y cambiando, siempre cambiando.

Prometo en vano todo el tiempo pero jamás he prometido algo con tanta seguridad como ésto. Vas a conocer a personas nuevas y mejores, personas que te darán lo que necesites en ese momento casi tan perfectamente que pensarás que es destino. Vas a darte cuenta que las cosas no suceden porque sí, sino que suceden porque no pudieron haber pasado de una manera diferente y vas a entender que estás en la cima de tu vida.

Vas a conocer a un nuevo mejor amigo. Una persona que te llene por dentro de tanto entendimiento que no sabrás no ser recíproco. Un alguien con quien vas a poder hablar de cosas de las que nunca antes habías hablado y que te va a entender, no te va a juzgar y te va a apoyar encima de todas las cosas.

Vas a conocer a un nuevo ligue. Alguien que te traiga esa constante diversión de cruzar miradas, de no saber que siente pero pensar que siente algo, alguien que te haga sentir que quizá después de todo eres más guapo de lo que tu mismo te crees. Alguien con quién tener algo platónico, informal, fresco y entretenido.

Vas a conocer a una mujer ejemplar. Que alguna vez fue niña y una hermosa niña y que te va a ayudar a entender el intricado mundo del sexo femenino, que te enseñe a amar a las mujeres, admirarlas en su conflicto natural y que te harpa desear algún día tener una niña que lleve su nombre.

Vas a conocer a un hombre digno. No como esos que andan por ahí que se creen hombres, no. Vas a conocer a un hombre hecho y derecho, con dignidad y altitud, con proeza y caballerismo, un hombre que te enseñe a ser mejor y que sea casi novelesco ver como vive su vida. Un hombre ejemplar.

Vas a encontrar con un viejo conocido y te va a resultar una persona muy distinta. Vas a saber apreciar que todas las personas cambian y que siempre tienen algo nuevo que aportarte. Vas a sentarte a platicar con una amiga del kinder en un antro y te vas a dar cuenta que es muy distinta pero te va a dar orgullo ver que le ha ido tan bien en su vida. Vas a conocer a las mismas personas de nuevo.

Vas a conocer al diablo en persona. Alguien que sea malo por naturaleza y que te enseñará a sentir empatía por su problemático pasado. Vas a conocer al hijo de Dios y te va a enseñar que hasta la persona con las mayores bendiciones del mundo no se salva del dolor. Vas a entender que tu, siendo ni tan bueno ni tan malo, tienes la oportunidad de ser feliz a diferencia de todos ellos que se definen por ser el extremo de algo que debe ser dualidad.

Van a caminar por tu vida miles de personas y vas a aprender algo de todas ellas. Luego entonces, va a entrar en tu vida una persona que te haga sentir amor de verdad. Una luna que te lleve a la locura y que te haga sentir algo que nunca habías sentido antes. Una persona que te hará creer que la vida no es más que un sueño, que siempre vivimos lo mismo y ¡qué gusto que así sea! Así te vas a volver a enamorar de esa misma persona una y otra vez.

Incluso más importante que esa persona, vas a conocer a alguien que te va a cambiar, te va a definir, te va a permitir ser y vivir. Te vas a conocer a ti mismo y eso es quizá de por sí una razón suficiente para celebrar tu cumpleaños.

Pronóstico de los 20: Vas a conocer a nuevos extraños. El más extraño de todos, tu mismo. Que es también el que más gusto te va a dar de conocer.

Bienvenido a los 20, Juan.

miércoles, 26 de enero de 2011

Quiero dormir eternamente



Quiero dormir cansado para no pensar en ti.

El problema es que hasta cuando duermo, mi subconsciente me revela un secreto: que te extraño o por lo menos, extraño la idea de ti.

¿Qué diablos me pasó? Una amiga me recordó hoy que yo tan racional ando sin poder controlar mis pensamientos. Esa misma amiga me enseñó cuando la conocí que no todo es pensar, que mucho es sentir, que hay que ser más visceral. No se puede ser un buen Administrador si no encuentras el balance. En mi intento de encontrarlo, me tropecé contigo y me tiraste al otro extremo. No me acuerdo del yo racional, lo veo demasiado lejano. Desde éste lado, solo hay sentimientos.

Quiero dormir profundamente y no despertar llorando con la pena de no verte.

Ese, no es problema. No he llorado. Dicen mis amigos que hasta que no te llore, no te voy a dejar atrás, que hasta que no llegue al fondo del abismo no me voy a saber levantar. Tiene sentido, pero lo veo difícil. Veo que caigo y sigo cayendo y no veo a qué hora voy a dejar de caer. No tengo miedo del fondo del abismo, en ésta caída libre de la ilusión le tengo miedo al seguir cayendo. Quiero dormir quizá para no tenerte que llorar pero te quiero llorar para no tener que seguir durmiendo.

Quiero dormir eternamente. Simplemente no levantarme jamás, porque ya ni cuando el sol me da, me siento vivo. Durmiendo, vivo durmiendo. Ni sé si todo ésto es pesadilla o solo un sueño, sólo sé que no logro despertar. Que sigo en caída libre, que quiero dormir por siempre, porque estoy enamorado y esa amor no lo comprendo.

Quiero dormir cansado para no pensar ya más. Quiero seguir sintiendo tu ilusión, porque es lo único que me vas a hacer sentir, lo único que jamás me hiciste sentir. Quiero dormir para ver si él que despierta, soy yo o solo mi cuerpo. Quiero, te quiero a ti. Aunque eso no puede ser más que un sueño.

El problema es que aún cuando duermo cansado, no descanso. No me dejas en paz, me dueles acostado y me dueles de pie. Maldito corazón que duele a cada rato. Distintos dolores me has hecho sentir. Cada vez que se mueve el segundero, siento una punzada en mi pecho. El peor de todos es el que siento cuándo hablo de ti, siento como mi corazón llora pero parece que llora sangre. Siento como esas lágrimas se extienden por mi pecho y atacan primero mi garganta, trabándola; luego mis brazos, quitándome la fuerza. Eso sí, nunca mis ojos, nunca logras que saquen lagrimas. Lo cuál quizá no duele seguido pero me duele más a la larga.

Distracciones de ti hay todos los días pero son como curitas, que se ensucian, se caen y a cada rato hay que quitarlas para ver si ya cicatrizó la herida. La herida no cierra, de hecho se infecta, por más alcohol que yo le ponga o por más alcohol que yo me tome. No cierra, no cierras.

Quiero dormir profundamente, quiero soñar contigo y poder decirte adiós. Quiero sacarte de mi cabeza así sea a la fuerza, así sea que no quiera.

Quiero que estés conmigo para saber qué es verdad. Quiero sentirte entre mis brazos, para ver si fuiste cierto o solo en mi cabeza. Te quiero, pero no sé. Yo y mis "no sé" pero eso sí, jamás había sentido nada igual. Pensé que me tocaba tenerlo todo pero supongo que solo me tocaba acordarme que no tengo nada, ni siquiera mi soledad que se fue con mi razón al ver el desastre que se quedaba detrás. Quiero que aunque sea ella regrese, para fingir que me abraza mientras duermo y no tener que fingir que te abrazo mientras duermes. Me haces llorar por dentro.

Ya nada me parece mío, ya todo me recuerda a ti. Veo tu nombre en todas partes y de tu cara ¡ni hablar! no me veo a mi mismo ni en el espejo, solo veo a un pobre tonto, un hombre que algún día fue brillante pero ya ni él se sabe así, un hombre que despierta llorando en su pecho con la pena de no verte.

El problema no es tanto dormir, sino despertar. Por que uno despierta deprimido. Por que uno camina mientras le duele el corazón. Quiero seguir durmiendo, para por lo menos no tener que caminar con el corazón herido.

Pobre corazón que me aguanta bastante y encima te tiene que aguantar a ti y lo mucho que dueles. Dueles hasta en los huesos, los cansas con el peso de tu recuerdo. Dueles en la carne que no entiende qué pasó pero no dueles en la cabeza que ni es mía, es tuya desde el momento en que entraste en mi vida. Ladrón de mentes te voy a llamar.

Pobre corazón, que no duerme ni cuando yo duermo. Que sigue despierto y te sufre con más fuerza pues no estoy yo para protegerlo. Pobre yo que cree que puede proteger a mi corazón cuando no se puede proteger ni a sí mismo.

Quiero dormir eternamente. No tener que preocuparme por el amor que no me entiende.
Quiero dormir profundamente. Despertar cuando regreses, cuando quieras ser de mi.
Quiero dormir eternamente. Hundirme más en el abismo y llegar ya al fondo que, así sea frío, por lo menos ahí encontraré descanso.

Quiero dormir contigo y que al despertar, no estés ni tú ni tu recuerdo. Ni la idea de no verte, ni el amor que no comprende, ni el dolor que tanto causas, ni el tonto que no brilla.

Quiero dormir entre tus brazos. Conciliar por fin un sueño, el sueño de vivir de nuevo. Que despierte y no esté tu abrazo, que no quede nada de ti. Que nunca hayas pasado y no despertar llorando. Despertar como alguna vez lo hice: inspirado. Que ya ni inspiras más que gritos desconsolados y sufrir. Quiero que ya nada me sepa a ti.

Quiero dormir cansado para no pensar ya más, solo sentir. Sentir que soy yo de nuevo, que ya no estás aquí.

Quiero que ya no seas luna. Quiero que no seas ni estrella. Quiero que seas nube que se va con el viento. Quiero dormir eternamente, sin tu recuerdo reclinando su cabeza en mi hombro.

Quiero dormir eternamente. No dormir enamorado, no tener que besarte antes.

viernes, 21 de enero de 2011

Nada Igual


¿Alguna vez has sentido que alguien, con una sola frase, te parta el corazón?

No hablo de que te lo rompan. Hablo de que te dividan en dos, que se te caiga todas las barreras, que sientas como por dentro se extiende pura debilidad. ¿Lo has sentido?

Soy un hombre que estudia el riesgo como forma de vida, que entiende el mundo en lógica, números y matemáticas. Así pienso, así soy. Quien diría que todo eso era como un castillo construido sobre arena.

La fuerza de mis pensamientos es absoluta sobre mis sentimientos. Los pobres viven oprimidos y rezagados, casi olvidados de no ser por que la mente admite que es necesaria su interacción, pero es un permiso que les da, no les permite tener autoridad.

Hoy, se me rebelaron los sentimientos.

Una sola frase me partió en dos. Llevo al menos dos meses reprimiendo sentimientos y emociones, controlándome, diciéndome que no pasa nada, que no pasó nada, que ya me calme, que ya lo deje ir.

La frase fue "¿Alguna vez te habías sentido así?" y así sin más, se me vino el mundo encima. Así sin más, no hubo más. Solo quedo éste cuerpo que a ratos no sabe hacer más que delirar.

No recuerdo cuando fue la última vez que lloré e incluso creo que no ha habido una sola ocasión cuando he llorado auténticamente. Siempre me ha parecido que es mi parte dramática, el Juan que hace un espectáculo de su vida. Me niego a llorar por que me parece que en mí, no es sincero, no sale honesto, no pasa con naturalidad, se fuerza a que ocurra y no llena ni cambia nada al final.

Cuando era chico me decían mucho "llora cuando tu mamá se muera" a manera de enseñarme a no llorar por cosas que no son importantes. Ya a éstas alturas ni sé que es importante o que no lo es, todo para mí lleva cierto tono gris que hace muy difícil distinguir las cosas que trascienden y se merecen unas lágrimas de las que no.

Tampoco creo en las "primeras veces". Son la primera de muchas y no por ser la primera es la mejor. Incluso, la primera de las cosas muchas veces se olvida, creo yo. Ya no distingo tiempo ni intensidad de sentimiento, ya la historia se mezcla con el futuro y deja de ser tiempo para convertirse en desorden. Éste avance lineal del reloj contrasta con los tiempos cíclicos de las vidas de los que me rodean, con la rutina que es el ciclo más cerrado que conozco. Ya no hay tiempo ni avance, ya me estanco por más que intento caminar.

Y sin embargo, das ganas de llorar y pareces importante por ser la primera vez que sentí así.

Ya no queda nada de mí. Mi razón me sirvió para llegar hasta cierto lugar y después ella misma reconoció que es una mera interpretación muy personal de lo que sucede, que es una de muchas voces que opinan de manera sensata acerca del mismo tema, que discuten el color del cielo todos con diferentes posturas, todos convencidos de que tienen la razón y todos gritando sin aportarse nada. Llegué al lugar dónde la lógica se queda corta.

Y solo me queda el sentimiento.

Me siento más solo que nunca, ya a un grado que es peligroso, ya a un grado que me empuja a quedarme sin razón. Solo con mis sentimientos y sin lógica que ponga orden, que ponga nombres y etiquetas y obligue a esos sentimientos a no estar tan silvestres como cuando entraron a mi. Están puros y fuera de control y yo como desamparado, sin tener dónde protegerme o esconderme de ellos.

Una sola frase pudo destruir mi bello castillo construido por mi mundo de matemáticas. Una sola frase hizo que desde los cimientos todo estuviera mal. Como en una red de mentiras, quedé atrapado al final. ¿Lo peor? yo me mentía a mi mismo.

Sentía que caminaba por la vida como el hijo preferido de Dios pero creo que soy el que más olvidado tiene. Sentí y estaba bastante seguro de que no me faltaba nada, que no podía pedirle más a la vida pero siento que algo falta. Cuando me quedo solo, siento que algo no está pero ni sé que es ni dónde encontrarlo ni cómo buscarlo ni a quién pedírselo.

Quedamos solo las estrellas y yo. Dice el mito que cuando Van Gogh sentía la necesidad de religión se quedaba viendo las estrellas. Dice Rosario Sarmiento que cuando ella entraba en conflicto por la existencia de Dios se decía a sí misma "más vale creer que sí existe a creer que no" y lograba dormir tranquila. Por supuesto, si conocen a esa mujer, entienden que ella tiene el poder de las ideas. Yo no lo tengo, quiero creer que sí pero la verdad es que no, que me falta.

Y buena falta que me hace en éste momento, que estoy solo. Solo con mis sentimientos, con mi frase que me partió el alma, con mis estrellas y con mi vino, para ver si él me logra hacer dormir tranquilo.

Pensé que ésta vez me tocaba a mí ser feliz. Me tocaba contar una historia de esas de las que tanto escriben. Que me toca a mí tenerlo todo y todo para mí, egoísta como soy.

Pensé que me tocaba a mí darlo todo por ti. Hacer sacrificios nunca me ha costado trabajo, en especial cuando quiero algo y vaya que te quise a ti... o por lo menos, eso pensé.

Dice un amigo que pienso mucho y que al final no sé nada. Soy paradójico.

Alrededor de nosotros se caen a pedazos los supuestos amores. Ya no sabe uno que creer del amor. ¿En realidad existe? Por que creanme que yo pensé que lo que sentía era amor y se dio bajo un contexto que simplemente me revela que no lo era. Pero eso pensé. No, perdón. Eso sentí.

Empiezo a creer que el amor uno se lo hace en su cabeza, que la persona de enfrente es una excusa para vivir todo ésto, toda ésta historia que ya habíamos soñado, que ya teníamos escrita y simplemente no habíamos tenido la oportunidad de actuar. El amor no es como lo pintan, es cosa de uno y no de dos pero al mismo tiempo no basta con uno. Se necesita la excusa, se necesita un nombre que ponerle a la idea de la cuál nos vamos a enamorar. Un nombre hermoso, como el tuyo, que repito cuando estoy solo y nadie me ve, como si fuera tabú.

Necesita una cara. Una cara que se bese y que se añore y unos ojos, unos ojos que sean tan hermosos que se acabe el mundo si los contemplas. Y unos labios, unos labios que a ratos ni importan las palabras que salen de ellos, que distraigan con la gracia con la que se mueven. Unos labios que uno se quiera memorizar para poder besar antes de dormir incluso cuando no se duerma contigo.

Y unos brazos y unas manos que despierten en mí una reacción química al contacto, que quiera por siempre tener junto a mí llenos de vida y color, abrazándome cuando te abrazo, tocándome cuando te toco y sintiendo a través del toque mucho más de lo que está a la vista.

Y una sonrisa. Una sonrisa que derrita hasta a el más frío de los hombres. Una sonrisa que me explique el calentamiento global. Una sonrisa hermosa, como tu cara, como tu nombre, como la idea que tengo de ti... así de hermosa.

Te necesito a ti pero nunca te tuve. Te quiero a ti pero no te conozco. Te extraño pero no eres más que un fantasma. ¿Ven como el amor parece imposible? Igual y el amor es imposible, igual y no está hecho para existir en un mundo dónde predomina la lógica y la razón. Igual y un pobre tecnócrata como yo no va a tener en su vida el placer de contemplarlo más que en pintura. Por que te amé pero al parecer, solo eso pensé.

Y necesito saber qué será de ti. Necesito que Dios me cuente que va a ser de tus días, necesito saber que vas a ser feliz, que conmigo no se te escapa la única oportunidad que tenías de serlo. Necesito saber que alguien te va a amar más de lo que yo jamás podría. Que alguien va a encontrar tus ojos aún más hermosos, tu cara aún más perfecta, tus labios aún más mágicos y la idea de ti aún más irresistible. Necesito saber, necesito que alguien me prometa que se va a encargar que vas a ser feliz. Igual y así logre dormir tranquilo. Igual y así logre por fin preocuparme por mí, por cuidarme y sentirme mejor. Es que antes vas tu y eso no lo puedo cambiar. Eso lo impuso el sentimiento, no mi razón.

Necesito que alguien ponga orden al tiempo y al espacio, al sentimiento y la razón, al teatro y lo auténtico. Que alguien me ayude a distinguir y me diga qué pasó conmigo el día que te conocí y que me cuente que tan importante va a ser éste momento en mi vida. Solo así sabré si te podré llorar, si vale la pena. En verdad, que alguien me cuente también ¿qué será de mí?

Te necesito de excusa para volver a sentir.

Me hiciste sentir amor, por eso me cuesta trabajo estar tan solo conmigo mismo. Por que a pesar de que todo estuvo en mi cabeza, tú fuiste la excusa y no sé como forzarme a sentirlo de nuevo por mi propia cuenta.

La respuesta es: no, nunca había sentido nada igual.

Creí que lo sabía todo. Que me sabía todas las frases y los consejos por que yo los daba muy atinadamente siempre pero resulta que no sé nada. Resulta que necesito partirme en dos para poder volver a estar entero.

El Pronóstico es sencillo. Buscar más frases e ideas que me partan y me destruyan, que me empujen al borde de la razón. Perseguir el masoquismo, por que ya me dí cuenta que si no te lloro, no voy a dejarte atrás y llorar va a ser quizá de las cosas más difíciles que he intentado hacer.