Porfi

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miércoles, 16 de febrero de 2011

De La Soberbia.



Es la cosa con la soberbia: Te sirve para alcanzar metas altas pero al final del día no deja de ser un espejismo que esconde inseguridad.

En parte es mi culpa, en parte es la culpa de mi escuela. Se dice la mejor escuela para poder tener el derecho de exigirte ser el mejor estudiante. La cosa es que ese delirio de superioridad traspasa al grado que nos sentimos la promesa del país, el profesional que tanto soñaba México pero la cosa es muy distinta.

Yo creo que soy soberbio. Suelo decir que nunca me ha llevado a nada malo pero a ratos no sé, a ratos creo que se sale de control y no se da uno cuenta. La religión cristiana lo considera un pecado capital y como el resto de ellos tienen algo muy poderoso que es que toman por completo tu ser.

Ésta semana fui a una exposición en Loreto y vi una serie de 4 pinturas de arte sacro; en la primera estaba el corazón humano lleno de demonios, en la segunda los demonios salían para dejar un corazón sangrante, en la tercera se representaban los símbolos del via cruxis y en la cuarta se presentaba a un corazón limpio, con Jesús viviendo en él. En las últimas 3, seguían siendo representados los demonios (que representaban los pecados capitales) e incluso en la última, los demonios seguían rodeando el corazón, listos para entrar.

La primera es muy clara a lo que quiero expresar. El poder tan particular que tienen los pecados capitales es que toman por completo el corazón de uno. Cosa muy peligrosa.

La soberbia es comúnmente el problema de la gente que se cree inteligente. Siempre me ha provocado la soberbia de la Mona Lisa precisamente porque radica en ese creerse inteligente. Ésta mujer te ve y te sonríe como si te supiera algo, se ríe por dentro de ti, te ve y te juzga. Hay algo en su mente, algo sabe ella de ti que tu no y tu, en consecuencia, te quedas perplejo, te vuelves débil ante la soberbia de ésta mujer.

Es la cosa con la soberbia, te da poder sobre los demás. El hombre es lo que le dicen que es y si tu te dices a ti mismo que eres mejor que los demás, entonces lo vas a ser pero no deja de ser en su origen una mentira, no deja de ser espejismo de la cruda realidad que tu sabes: "no soy mejor que nadie", una idea con la que no sabes lidiar. Es la cosa con la Mona Lisa, es lo que ella sabe y tu no, ella sabe que no es mejor que tu pero esa misma idea le da el poder y la autoridad de hacerte creer lo contrario. Qué cosa más chistosa ¿no crees?

La soberbia sí sirve para llegar más lejos pero solo hasta cierto grado, eventualmente te estanca, si piensas que eres el mejor ¿dónde vas a crecer? Qué pena, porque si ya no vas a crecer más, bien podrías estar muerto.

¿Les pasa que a veces les cuentan de un dolor físico y ustedes lo sienten? A mi me pasa y muy seguido. En la misma exposición se representaba el corazón de María siendo atravesado por 7 espadas, una por cada uno de sus dolores. Ver esas imágenes me causaban a mí un dolor en el corazón, distinto al que les platiqué hace unas semanas, distinto porque no sientes que se te rompe (bueno fuera) sino que sientes que te lo hieren lenta y constantemente.

La soberbia es una cosa preciosa en el sentido que es un teatro. A mí me mata de la risa ver el show que pongo de mi persona (Así me gusta ser) pero ver esa imagen en el espejo a manera de contemplar la imagen del corazón de María, duele y duele porque tu no te crees esa mentira. Tu te ves a los ojos y sabes que no eres mejor, que eso te dijiste que eras y ves aún más allá, ves todas esas inseguridades por las cuáles creaste esa mentira. Ves la idea que despertó tu soberbia y no es bonito, dejas de sonreír. Les apuesto, que cuándo a la Mona Lisa le pusieron un espejo enfrente, perdió su mágica sonrisa. Mientras tanto, a todos nosotros nos hizo creer que era mejor.

De la soberbia puedo decir mucho porque la soy encarnada. La cosa es que te das cuenta que no eres tu, que no estás completo, que pierdes la dualidad de ser bueno en ciertas cosas y malo en otras, que olvidas que no hay nada malo con ello que simplemente así es y así es bello.
Cuándo te libras del pecado, te sientes como fuera de ti, como desentendido. Es parte de la seducción porque en realidad, estás más dentro de ti que nunca: vulnerable, débil y auténtico. Estás en ti.

De la soberbia puedes decir mucho tu también porque lo somos todos. Todo empieza cuando eres niño y tus papás te dicen que eres especial, que eres mejor que eres de tal y cual manera. Cuando sobrepasas las enseñanzas de tus papás una persiste y es que aprendiste que si tu no crees algo de ti, nadie lo va a creer por ti. La cosa es que se distorsiona ésta idea y en vez de estar consciente de lo que eres empiezas a sobre estimar lo que tienes y te pierdes en ese alter-ego que es desde tu punto de vista una mejor versión de ti. Tu mismo le crees la mentira a esa persona que ya no eres tu y que te dice que es mejor. Te la crees hasta que cae la noche, te ves al espejo y te acuestas a dormir solo sin saber mentirte más.

De la soberbia puede decir mucho el mundo. De la humildad, nadie. Triste verdad.

Otra triste verdad: la soberbia lastima, la soberbia destruye más de lo que construye y corroe. Tengan cuidado, siempre que por lo menos en mi vida, es mi peor enemigo y aún peor es que el enemigo soy yo mismo. Yo contra mí mismo y tengo todas las de perder.

martes, 15 de febrero de 2011

A partir de hoy.



Empiezo a creer que soy como un niño chiquito al cuál cuándo le dices que haga algo, quiere hacer exactamente lo contrario. En particular, cuando se trata de festividades.

Tengo algo en contra de la navidad, tengo algo en contra de año nuevo y hoy tengo algo en contra del día del amor y la amistad.

Tenemos un serio problema y es que vaciamos nuestras festividades, las celebramos de manera forzada, no con sentimiento. Creemos que existen fechas para sentir de cierta manera y nos determinamos a hacerlo. El resultado es un sentimiento pasajero y vacío, un sentimiento que no se dio de manera natural y si algo me insulta en particular es el 14 de febrero y como la gente fuerza el amor y el romance.

Hace 2 años, me peleé con una de mis mejores amigas. Llevábamos una semana sin hablar y el 14 de febrero a primera hora en la escuela, ella decidió que era hora de hablar. Me dijo que no iba a permitir que pasáramos el día de la amistad peleados, que nuestra amistad era demasiado importante para ella y no iba a permitir que un día que para ella significaba mucho no pudiera compartirlo conmigo. Nos contentamos y me dio un regalo hermoso: una foto de los dos en mi cumpleaños número 18. La foto la guardo aún.

Es, mi amiga, la única persona con la que me he tropezado en mi vida que sin forzar supo hacerme sentir amor el 14 de febrero. La cosa es que hay que entender que se trata de mi amiga Verónica quién tiene vocación de diseñadora de modas. Es una excepción a la regla ésta mujer porque su talento es capturar el cambio, la emoción y los sentimientos de la sociedad día a día, en el tiempo presente y cambiar para con ellos, crear productos que encapsulen el sentimiento que se intenta ya sea forzar o que se de naturalmente. Ella tiene una sensibilidad impresionante y es por eso que puede celebrar un 14 de febrero de manera auténtica. El resto de nosotros somos almas desgraciadas que nos mentimos a nosotros mismos.

La cosa con el amor es que no se puede dar "under request", no se le puede decir a alguien que está enamorado que haga un gesto romántico cierto día. A veces no fluye tanto la creatividad, a veces el sentimiento no está siendo tan vívido. Para el amor, no se puede elegir un día porque el amor no se puede sentir solo un día. Los verdaderos románticos no celebran el 14 de febrero, los verdaderos románticos se limitan a reírse de los demás, de sus gestos trillados y sus regalos más hechos por la sociedad que por ellos mismos. Los románticos no sienten lo que el resto de nosotros nos vemos obligados a sentir el 14 de febrero, ¡Ellos están enamorados del amor! y cuándo eso sucede, se pierde noción del tiempo, el pasado se dobla en el presente y se proyecta al futuro, se pierde la concepción de tiempo cíclico y la persona a la cuál le pertenecen sus pensamientos y sentimientos se vuelve el todo, quedando de ellos nada.

Dar chocolates y flores, hacer una cena especial y llevar serenata sale sobrando y en realidad no tiene un mayor efecto por hacerse en San Valentín. No quieres que la persona que amas dude de eso y creo que le das pié a que así sea, no puedes evitar creer que esa persona se pregunte "¿hizo el gesto porque en verdad me ama o por la fecha?". Si no lo duda, qué suerte pero eventualmente va a dejar de ser pregunta, va a ser una afirmación la que haya en su cabeza: "Me ama pero lo hizo por la fecha". Lo que antes fue una bendición, se volverá una cosa horrible.

¿Quieres celebrar San Valentín? Ama. Convierte ésta en una fecha para confesarlo todo. Si se perdonan los regalos tontos y la cursilería absoluta, ¿cómo no te van a perdonar confesar cuánto amas? Vivimos asustados de contar cuánto amamos a una persona, con que nivel de delirio y desesperación, con que ternura y devoción y no se puede vivir de ésta manera. El mejor regalo que puedes dar es por fin confesar que te extraño, que no puedo estar sin ti porque me deshago, que cada rincón me habla de ti y habla de mi. Que la luna ya no brilla por tus ojos, te bajaría las estrellas si pensara que ella merecieran ser un regalo para ti, te daría mi vida si me lo permitieran y te amaría hasta el final de mis días si me lo permitieras tu.

El problema del día de hoy es particularmente la juventud. Piensan que "el día de los enamorados" es eterno. Piensan que su relación es perfecta y se les olvida que es real, que pueden mañana estar con alguien más sino es que solos. Los jóvenes se vuelven miopes al riesgo, olvidan que es muy posible que le estés dedicando un gesto a alguien con quien no acabes y entonces, el gesto se volverá vacío y frío, entonces ¿qué hiciste? forzaste el sentimiento que te dijeron había que forzar "porque es 14 de febrero". Vamos a ahorrarnos la pena de hacer gestos vacíos "in the name of love". Haz el gesto sincero y sencillo de confesar lo mucho que amas. De eso jamás te podrás arrepentir, ese jamás será un gesto vacío.

San Valentín es una fecha sobrevaluada e incoherente. Celebramos al amor con regalos estereotípicos y caricias forzadas. Vamos a rescatar ésta fecha. El amor no se entrega en una caja de chocolates y tampoco en una foto de tu cumpleaños número 18. El amor se entrega cuándo le dices a tu mejor amigo que lo quieres demasiado para estar hoy separado de él. He vivido 20 días como éste y les juro que el único que recuerdo y aprecio es ese y por ese gesto. Me regalaron amor y a ustedes una simple paleta. Me regalaron amistad y ustedes regalaron un clavel. Respóndanme: ¿Quién le hizo un mayor homenaje al amor?

"A partir de hoy te entrego el corazón, mis secretos, mi destino e ilusión, mi locura y mi razón.
A partir de hoy te digo que te amo y que no puedo estar sin ti porque te extraño"
Éste me parece un mayor homenaje al auténtico sentimiento del amor que cualquier otro. Ahórrate el buscar un regalo que va a ser vacío y regala el presente tan auténtico que tienes ya dentro de ti: tu sentimiento.

Solo cuando entiendas que tu relación es real y no perfecta vas a poder hacer como un amigo hizo hoy, una simple cena, una sorpresa sencilla pero que no pierde belleza. Solo cuándo te sobren las palabras, el menor de los gestos va a valerlo todo.

Pronóstico: Repite el 14 de febrero y pídele perdón al amor por haberle hecho un mero rito a algu que se merece una ceremonia solemne. Por todos los cielos, es el día del amor no el día de la mercadotecnia.

viernes, 4 de febrero de 2011

El día que Juan Solis lloró

Te pesa la soledad cuándo recuerdas lo bien acompañado que estuviste algún día. Nunca he pasado un 4 de febrero mal acompañado y de verdad le doy las gracias a mis amigos por eso.

He enraizado distintas vidas alrededor del mundo. Una en Mérida, una en Colorado y una más en el D.F. y de verdad ninguna de ellas ha sido menos que emocionante, divertida, dramática y feliz.

Es la nostalgia del 4 de febrero de cada una de esas vidas la que me hace llorar.
Medio Moët después (ok, admito que me tomé casi toda la botella) empecé a recordar que le debo unas gracias a la gente que ha hecho mis cumpleaños tan maravillosos.

A los 20, no se trata de acumular felicitaciones en tus redes sociales como cuando tenías 18. No se trata de acumular regalos como cuando tenías 4. Se trata de amarte y amar a la gente que te hace tu.

Pocas personas en mi vida creo que me han ayudado en mi camino a ser auténtico como yo quiero y me veo. Me da nostalgia alejarme de ellas pero lo chistoso es que me dieron todo su apoyo al hacerlo, que se han sentido orgullosos y felices por mi de haberlo hecho. Les agradezco infinitamente.

Doy gracias a mi manera de ser el no haberle llorado a la Luna para dejarla detrás. Doy gracias que si es que tenía que llorar era precisamente al dar gracias a las personas que me han ayudado a ser yo. Lloré por ellos y lloré por mí.

No soy el mismo que fui los otros 4 de febrero, soy algo distinto y mejor. Algo más feliz y encantado con su vida, algo enamorado con el mundo y fascinado con su alrededor. Algo que hoy parece estar tomando forma de hombre. Jamás hubiera podido llegar aquí de no ser por las personas que cuando fui otro, sintieron auténtica felicidad del hecho que cumpliera años.

Razones para celebrar sobran. Desde el punto de vista actuarial, cada vez que cumples un año superan probabilísticamente hablando millones de posibilidades de muerte. Desde esa perspectiva, cada año cumplido expandes tu esperanza de vida. En realidad no se te escapa, sino que ganas más. ¡Feliz expansión de tu esperanza de vida!

Razones para agradecer también sobran pero se nos olvidan.

Gracias amigos, lectores, twitteros y simplemente todo aquel que se sabe mi nombre, mi cara o que tiene una idea de mí. Me hacen quién soy y estoy muy feliz con ello. Es solo lógico que les de las gracias.

Gracias a todo quien ha entrado mi vida y ha hecho bien, mal o ha pasado desapercibido. Me han hecho muy feliz.

Hoy derramo una lágrima de felicidad por mí que es más una de gracias a ustedes.

El Pronóstico es: Dar gracias a la vida. Lo poco que tiene que ofrecer, es lo más grandioso que jamás pude imaginar me iba a tocar.