Porfi

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domingo, 10 de abril de 2011

Esquizofrenia



Creí alguna vez que ya no tenía conciencia. Resulta que no la escuchaba y ella optó por callar antes de desperdiciar saliva. Creí alguna vez que ya no había una voz en mí que me hablara de manera sensata y con razón, que había un vacío y una nada que daba espacio a que pasara ya todo, porque no es nada, porque ya nada importa.

Ésta no es esa vez, ésta es una vez distinta pero que se siente muy parecida y no sé si es peor.

Lo he pensado mil veces y podría resumir mi vida hablando de las vidas que pasaron por la mía. Qué chistoso es que pueda explicar y entender mi existencia a través de la explicación y el entendimiento de las otras. Qué tragedia es que tanto poder y tanta presencia tienen en mí ciertas personas que ya dejan en mí cosas que después te crees que son completamente tuyas.

Y es que se pensó en cierta época que la única manera de alcanzar el autoconocimiento era saliendo de ti mismo, viéndote desde el lugar del otro y regresando a ti. Suena hasta lógico y sano, pero no es más que demente y destructivo.

El error, es que intenté entenderme a través de los demás que llegué al punto que ya ni sé quién soy.

Ya todo está mal y ya nada tiene sentido, ya siento cosas contradictorias y todo es tan esporádico y tiene tan poca relación dentro de mí que simplemente se siente destructivo. Ya ni controlo mis pensamientos, que por más que diga que ya se acabó cierto tema de discusión entre mi ego, yo y super-yo, aquellos siguen discutiendo y le siguen dando vueltas a una pregunta de la cuál no tienen la respuesta. Ya ni controlo mis sentimientos, que por más que no quiera seguir llorando, no paro de llorar y lo peor es que ni entiendo por qué lloro, ni entiendo qué pasó ni le logro hablar con lógica o darle orden a la fuerte entrada de lo dionisíaco en mí. El impulso entra con mayor fuerza porque estoy débil por dentro y no ayuda nada de afuera, todo lo hace peor.

Mi cabeza no tiene ni disciplina ni razón, no tienen principio ni fin mis ideas, simplemente vagan y juegan conmigo como si se tratara de una fuerza mayor que me es rebelde. Igual y estuvo mal intentarlas controlar por tanto tiempo pero es que nadie me supo prevenir que ésto pasaría, que llegaría el día en el que se me saldría de control todo. Yo que algún día me sentí preparado para todo lo que me esperaba me encuentro con que en realidad nada te prepara para lo que te toca vivir. Jamás se está listo para nada y jamás te logras preparar después. Ya todo te tira por la borda.

Lo que pasa no es que mi conciencia haya desaparecido de nuevo, no es que ya no haya una voz con razón dentro de mí. El problema es que ya hay demasiadas.

Tanto ruido afuera me sedujo en voz de Hegel diciendo que la mejor manera de alcanzar el autoconocimiento es saliendo de ti, mirándote a los ojos y volviendo a entrar, de manera que abstraigas como eres percibido. Lo que nadie te dice (porque al parecer está muy de moda que la gente no te diga las cosas que necesitas saber) es que le estás abriendo la puerta a otra persona de ser una voz en tu cabeza. Yo se la dí a muchas personas y ahora el problema no es que no haya una voz dentro de mí que hable sensatamente, sino que hay demasiadas.

El ruido que algún día me era externo entro por la puerta de mi alma un día de descuido y ahora no sé como sacarlo. Es que veo a los ojos a las otras personas y nunca en realidad sé que piensan o sienten y que idea tienen de mí. Lo único que veo es la nada y en un intento de ver algo relleno con la idea tan incompleta y falsa que tengo de las personas, la idea tan incompleta y falsa que creo ellos tienen de mí.

Entonces ya no pienso lo que pienso yo, ya no siento lo que siento yo, ya pienso lo que creo que esa persona piensa que estoy pensando, ya siento lo que esa persona siente que estoy sintiendo. Y ¿yo? yo nada. Ni me miro a los ojos así que ¿por qué preocuparme? No, lo que importa es esa constante impaciencia y angustia que me crea sentirme y saberme pero no sentir ni saber de la existencia y la profundidad de las otras personas. En el intento de comprender afuera de mí, terminé exponiéndome a los peligros y el estado de yecto que hay en el mundo y me dejo tan débil y malherido que ya ni como levantar la voz. ¿Qué voz? Ya ni se escucha, ni en el fondo. Ya ni se siente el vapor de su respiración, ya ni se siente la vibración de su corazón. Mi cigarro se siente más y mi blackberry vibra más fuerte. ¿Y mi conciencia? la desprecié el día que pensé que si me podía conocer era a través de otros y que lo que otros sabían de mí debía ser cierto. Ahora ya no escucho la voz de mi conciencia, ya solo escucho la voz de las personas y lo peor es que ni siquiera es su voz, es la voz que yo creé de saber lo que les he mostrado de mí, de saber lo que ellos me han dicho que opinan y piensan de mí y que es meramente un espejismo.

Éste hombre que tu ves todos los días no es más que una mentira como lo fue ya varias veces antes solo que ahora no ves su propia mentira. Ahora ves la mentira que es ante los demás. Ya ni es a través de sí mismo, ya es a través de otros completamente. Ya no siente ni piensa por sí mismo, ya su cabeza es una oligarquía de conciencias y la suya no es más que un príncipe sin corona. Ya no firma como "Yo, el Rey", ya ni firma. Ya no tiene validez ni presencia su juicio, ya es el de los otros y lo que los otros piensan que él piensa y el piensa de acuerdo a lo que cree que los otros piensan y al final ni se piensa nada.

Para pensar, se necesita órden, secuencia y se hace con lenguaje lógico. Ésta cabeza dejó de ser la casa de la reflexión, ahora es el headquarter del posmodernismo. Ya nada tiene sentido, ya nada se hace bien, ya todo es ruido y diferentes opiniones que no llegan a una conclusión y nunca están de acuerdo. Ya ni se sabe qué voz es de quién, ya todas son una misma. Ni me conocí a mí mismo, ni conocí a los demás porque adentro solo supe distinguir las demás voces de la mía, las demás ya pensaban todas por mí y tanto así me sedujeron que supieron hacerme creer que yo era el que pensaba de tal o cuál manera. Ya ni sé que pienso solo sé que no pienso yo.

Tantas voces y tantos juicios, tantas ideas de lo que pienso cuando ni siquiera pienso, tanta creencia de lo que siento cuando ya ni sé si siento y tanto creer que me conocen me hizo convertirme en ese que creían conocer que si bien en ciertos aspectos me hicieron crecer en otros no tanto y al final todos en conjunto solo me hicieron débil.

"Las voces" es el virrey del reino de "los otros" en mí. Criollo como soy, debería de estar acostumbrado a que me quiten mis riquezas y me busquen perjudicar para alcanzar mi potencia. Sin embargo quise pensar que la historia iba a ser diferente. No soy más que otro rey sin corona.
Y no hay ranchera que me logre convencer de que sigo siendo el rey.

Éste que ves, es un engaño colorido. Que se para todos los días y presume ser éste y aquél pero es que, precisamente es "éste y aquél", ya no el mismo.

Éste que ves, ya ni siente realmente. Ya el sentimiento es superfluo, ya el llanto es algo más, algo que pasa y no revela nada de adentro sino de fuera. Éste que ves, ni siente. Es un juguete, un actor, que si bien siempre fue histriónico, dramático y exagerado, ahora lo ha perdido todo. Ahora solo llora cuando lo dicta la escena, finge el sentimiento que exige el guión, se mueve a proscenio cuando se lo ordena el director y cuando nadie ve, nada es. Ésta certificadamente loco y ya ni el sentimiento es auténtico.

Éste que además tu crees que ves, ni lo ves. Ni lo conoces y si algún día lo conociste, pues que pena porque ya ni está. Ya no es el mismo, ya no es igual, ya es algo más.

Ya es meramente, un retrato colorido de lo que algún día fue. Que si bien engaña al tiempo y se vuelve eterno al asegurarse de perdurar en tu memoria al convertirse en lo que tu mente cree que es, en realidad no vale la pena porque no es real, es ficticio.

Cada diálogo y movimiento ya no es mío, ya ni es mi vida. Soy un actor de reparto de la vida de todos los otros. Ya el guión que leo no es el mío es el de todos los demás y eso es lo que me está volviendo loco.

Ya solo Sor Juana me entiende y así que sigas "qué padre", tampoco porque ella, como yo, está bien loca. Porque el poco sentimiento que es real desborda como le desbordaba a ella, ya nada se controla y ni se disfruta ni se vive, porque se duda de que sea real. Ya estoy loco, otra vez.

Ya todo está mal, ya nada tiene sentido. Ya ni mi nobleza me queda pues hasta a mis ideas le soy infiel y mis sentimientos más que de príncipe griego parecen de aristócrata francés.

El príncipe que me decían que era ya ni es, jamás llegó a ser rey. Jamás firmará como lo hizo Fernando VII, ya firmará como lo hizo Sor Juana: con su misma sangre, "Yo, El Peor" que ni con "Yo" debería de firmar, porque hasta hablar de mí es cauteloso engaño del sentido.

En palabras del fénix de América, supe saber de mí por fin algo después de largo tiempo. Supe saber que éste que ves, engaño colorido

es polvo,

es sombra,

es nada,

es un príncipe olvidado, que abdicó al trono prometido por una vida de placeres sin sentido y un mundo para el cuál nunca estuvo preparado.

Es una mentira más de esas que él dice todos los días y con la misma dejan de ser y con la misma deja de ser. Es transeúnte y transgénico, es un ser de ciudad perdido en el ruido de todos los días y es un demente que llora con 2 cubas y se ríe sin sentido con la 3era. Es un alcohólico y un adicto, es un intenso y un perdedor porque perdió hasta el sentido que ya ni siente ni conoce ni recuerda. Ya no hay más y todo está mal, ya hay nada y nadie quién la rellene. Ya solo espera sentado y ni sabe qué espera. Solo espera su siguiente escena y cuando no hay escena se sienta y espera más. Espera al que pase por delante para ser ahora su engaño colorido.

Se le va la vida en el engaño o por lo menos eso cree, porque para que él diga que aún hay vida deberá ser escrito en el guión del que pase enfrente.

Y escribe cartas esperando que alguien sepa qué pasa y le diga. Escribe cartas y espera que una voz que entre le regrese la armonía. Ni sabe si habrá respuesta pero, como ya dije, espera. Porque ni es príncipe, ni rey, ni polvo, ni pintura, ni actor. No es, SOY y ya que estamos en confianza les firmo con el único nombre al cuál respondo hoy en día:

Sinceramente
Yo, el peor.